Los revolucionarios de La Plata
Qué bonito se debe sentir ser revolucionario. Y más, si se es de esos que no sufren compromiso físico ni responsabilidad moral y encima perciben buenos morlacos. Sin importar si no te interesan las secuelas de tu causa, basta con poseer carácter, habilidad con la soflama, buena entonación, y gozar del turismo ahí donde el quilombo llame, aun cuando no sea por muchos días.
Bolivia siempre ha sido un lugar atractivo para estos revolucionarios, sobre todo, los argentinos. Y pese a que no todos han terminado como el Che, la mayoría parece compartir su extravío y arrogancia. Con una diferencia clara: los de ahora son paternalistas, el Che era clasista.
Hace unas pocas semanas tuvimos la breve visita de un grupo de misioneros gauchos, esparcidores de la palabra solidaria y la fraternidad latinoamericana, consagrada en el códex galeánico de Las venas abiertas… Llegaron para salvarnos. Debían reportar a sus nomenklaturas en Argentina, México o España el terrorismo de Estado, los asesinatos del Gobierno represor, las torturas y la cruenta violación a los derechos humanos durante la pacífica movilización del pueblo santo.
Lástima que no hayan podido hacer su tarea. Si la policía migratoria boliviana no hubiese tenido la alerta de que estos seres de luz, “observadores de derechos humanos”, eran en verdad quilomberos encubiertos, los habría dejado entrar.
Entonces podrían haber constatado que, en los........
