En defensa de Vox como opción política legítima y legal, otra vez
En defensa de Vox como opción política legítima y legal, otra vez
Que un golpista reconocido de una organización con un pasado criminal como ERC, llame criminal y asesino a alguien de Vox, partido que no mata a nadie, es un buen motivo de indignación.
Tras el debate de la moción de censura que Vox impulsó contra el gobierno de Pedro Sánchez en 2020, un grupo de personas, algunos de ellos colaboradores de Libertad Digital, firmamos un manifiesto indignados por el inicuo intento de aislamiento y acoso general de un partido legal y parlamentario por otras formaciones, incluso por el PP, especialmente desde que vio en peligro su hegemonía en la derecha nacional. Luego se moderó, cierto, y si votó en contra esa primera moción de censura, ya se abstuvo en la siguiente de 2023.
Fue, tras conocer que, de nuevo, la familia de Santiago Abascal, madre y hermana, habían sufrido en sus carnes la violencia de quienes practicaron y practican el odio y exterminio en España hasta ahora, cuando defendimos públicamente el derecho a la existencia de un partido político discriminado precisamente por los totalitarios de todos los colores, sobre todo de la izquierda y el separatismo violento y golpista.
Cuando apedrearon el negocio de la familia Abascal en Amurrio en 2020 (dañaron sus lunas y pintaron "Ea hau gustoko duzun, faxista" ("A ver si te gusta esto, fascista"), pusimos a la firma el Manifiesto que comenzaba así: "Los abajo firmantes, demócratas españoles sin adscripción partidista y promotores de este Manifiesto, queremos defender el derecho a la existencia política de Vox, tenga el apoyo que tenga, y dejar clara nuestra oposición a todo intento de aislarlo o de eliminarlo de la escena política española."
Dado que en los últimos días se han producido dos acontecimientos agresivos principales contra Vox, además de los que tienen lugar y pasan desapercibidos a diario en muchas partes de España (es recomendable contar los acaecidos en Cataluña, País Vasco, Galicia y otros puntos principales desde 2020: más de 150 ataques a sedes y 200 acosos en actos públicos hasta 2025 sin contar la agresiones personales a sus militantes), me parece necesario reafirmar mi defensa de Vox como opción legítima.
Pero, ¿qué clase de democracia es la española cuando consiente que un partido que es legal, que acepta la democracia y no el golpismo como marco de acción política, que tiene representación y grupo en el Parlamento europeo y que – que conste oficialmente – desde su fundación no ha matado, ni herido ni agredido físicamente a nadie en ninguna parte de España, es insultado, perseguido, calumniado y descalificado permanentemente?. Al contrario, fue uno de sus cofundadores, Alejo Vidal-Cuadras, quien sufrió un intento de asesinato por parte de la teocracia iraní, según la propia víctima.
Hace una semana, el diputado de Vox en el Congreso, José María Sánchez García era expulsado del hemiciclo por haber reaccionado ante las acusaciones vertidas contra él y su partido por el diputado de Esquerra Republicana, Jordi Salvador. En pleno debate, Salvador le dijo a Sánchez que era un criminal y un asesino, además de un ignorante, ante testigos. Ya hace tiempo, el propio Josep Borrell, acusó al separatista de haberle escupido. Hechuras sigue teniendo este señor acunado en las filas de UGT de Tarragona.
Cuando el diputado de Vox quiso tomar la palabra para defenderse de estas acusaciones, la Mesa del Congreso no se lo permitió, lo que provocó el enfado de Sánchez, las advertencias del socialista Gómez de Celis, aquel día presidiendo del debate, y finalmente la expulsión del diputado de Vox. Que un golpista reconocido de una organización con un pasado criminal como ERC, llame criminal y asesino a alguien de Vox, partido que no mata a nadie, es un buen motivo de indignación. Pero a Gómez de Celis le preocupó más el sopapo imaginario que iba a recibir del parlamentario de Vox. Vaya hombre.
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El pasado día 16 de abril, en Granada, junto a la Catedral, un mitin electoral de Vox con presencia de Santiago Abascal aprobado por la Delegación del Gobierno, fue contrarrestado ilegalmente por un conjunto de organizaciones de izquierda sin que nadie se explique cómo las fuerzas de seguridad dependientes del gobierno de Pedro Sánchez permitieron que se diera lugar a incidentes como los que se produjeron.
Si a ello le unimos el ambiente general que se vive actualmente que delinea a Vox como un partido de extrema derecha, antieuropeo, anticonstitucional, enemigo de la convivencia y, ahora ya, y para colmo, asesino y criminal, la injusta situación que preveíamos en 2020, no sólo no ha ido a menos, sino que está yendo a más, precisamente cuando Vox da muestras de institucionalidad y mesura en su acuerdo de gobierno en Extremadura.
Escandaloso e indignante es, además, que partidos golpistas que pusieron en peligro la convivencia nacional en 2017, partidos ligados a los asesinos de ETA ahora mimados por el gobierno socialcomunista, partidos que tienen como fin la ruptura de la unidad nacional y partidos que tienen en sus genes fundacionales el desprecio a la democracia, sean los que acusen a Vox.
Pueden gustar o no, en mayor o menor grado, las medidas de regeneración política y de reorganización de la convivencia nacional que propone Vox. Pueden parecer más o menos simpáticos o adecuados los dirigentes actuales de Vox y sus modos de ejercer el mando. Pueden considerarse más o menos estéticas sus inoportunas crisis internas. Pueden combatirse incluso sus ideas, sus mensajes, sus argumentos sobre todos los temas conflictivos.
Es impresentable y propio de la propaganda negra y totalitaria demonizar a un partido que, por si fuera poco, no ha sufrido de corrupción en estado salvaje, como otros partidos, ni ha ejercido violencia física alguna sobre nadie. El coro de los grillos que despotrican contra este Vox que no para de crecer en toda España, hace necesario que, de nuevo, me reafirme en aquel Manifiesto de 2020, especialmente en vísperas de las elecciones andaluzas.
¿Qué tendrá que ver Manuel Gavira, candidato de Vox a la presidencia de la Junta de Andalucía, al que conozco y aprecio personalmente, con todas estas calumnias orquestadas? ¿Qué tiene que ver una amiga mía, cuyo nombre omito para evitarle daños, que ha decidido apoyar el proyecto de Vox para Andalucía? Estoy realmente indignado por la persecución de unas propuestas que son absolutamente legítimas. ¿O sólo es legítimo lo que proponen la izquierda social comunista, los separatismos o algunas derechas?
Termino repitiendo lo que firmé en 2020: "Creemos que es absolutamente legal y necesario que Vox cumpla con su deber de proponer lo que considere oportuno acerca de España. Europa y el futuro de ambas en el mundo." Parece mentira que sea necesario refrendarlo ahora, precisamente cuando la verdad judicial va dejando claro quiénes son un peligro para la democracia y para los ciudadanos españoles. Viva la libertad, carajo.
Esquerra Republicana de Catalunya
