El mal vecino y sus vergüenzas

El mal vecino y sus vergüenzas

La imagen internacional de Marruecos también ha salido dañada tras la invasión a Ceuta.

Una de las exigencias del arte de la guerra, híbrida o no, es, sin duda, esconder la verdadera intención de los acontecimientos que se decide que sucedan. Se trata de simular su sentido y finalidad para que puedan explicarse desde la lógica popular —imprecisa e impresionable—, de una manera conveniente para su instigador. En el caso de un mal vecino, del que Dios nos libre, amén, ya que las sospechas del crimen recaen inmediatamente en él por razón de proximidad, interés y oportunidad, su necesidad de ocultar la verdadera razón de sus asechanzas es vital.

Cuando el mal vecino ha logrado incorporar a sus fuerzas a algunos cómplices que le ayudan a destruir la casa enemiga desde dentro, su necesidad de encubrir a los traidores es máxima. Esos cómplices pueden ser voluntarios, que desean hacer daño a la casa propia, o rehenes extorsionados por el mal vecino para lograr sus propósitos a cambio de no airear miserias inconfesables. En todo caso, son precisos el silencio y el fingimiento. Pero hay veces, que, al contrario, dejan al descubierto sus artimañas.

A estas alturas, nadie puede negar que la invasión de Ceuta iniciada el pasado 30 de julio fue algo que no pudo perpetrarse sino con el consentimiento y el asentimiento del Reino de Marruecos o, al menos, de la parte del reino que controla las carteras de Interior, de Defensa........

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