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A propósito de la verdad, el 'Puto Amo' y el fiscal Luzón

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A propósito de la verdad, el 'Puto Amo' y el fiscal Luzón

Dar por sentado que Pedro Sánchez no era el jefe de la trama me tiene perplejo, sobre todo por la rotundidad inesperada del fiscal Luzón.

Fue Pilatos quien, popular y escuetamente, según el evangelio de Juan, expresó su escepticismo acerca de la existencia de la verdad como algo objetivo y concluyente. En aquel caso, siguiendo el relato evangélico, se trataba de dilucidar si Jesús era un peligro para el Imperio romano, en cuyo caso debería sufrir el castigo correspondiente. La narrativa cristiana parece coincidir en que el prefecto de Roma en Judea no encontraba indicios suficientes contra el reo por lo que se supone que su condena se basó en consideraciones políticas.

Ciertamente, diferenciar lo verdadero de lo falso (ni física ni metafísicamente) es tarea abstrusa salvo cuando se trata de la certificación de acontecimientos cuya ocurrencia puede probarse sin dudas razonables, supuesto un sentido común. Por ejemplo, si alguien tiene los dos ojos o uno, si es joven o viejo, si apretó el gatillo o no, si estuvo o no en tal reunión, si dijo esto o aquello, si Nietzsche se abrazó o no a un caballo, si se prometió o no tal cosa, si tal moto es de esta marca u otra…

Son hechos fácilmente falsables por la propia percepción por lo que producen una cierta seguridad que fundamenta la convicción. Otros hechos, del mismo tipo, son sencillamente comprobables o falsables porque hubo testigos a los que se supone la obligación de decir verdad (lo que no siempre ocurre, a veces por mala intención, a veces por errores o confusiones no deseadas).

En cuanto salimos de los hechos simples, de los sucesos cuya acontecimiento es comprobable para cualquier inteligencia natural, nos introducimos en las interpretaciones de colecciones más o menos complejas de hechos relacionados entre sí. Parece sencillo pero es muy complejo tratar de clasificar los diferente tipos de hechos, porque van ascendiendo hasta cumbres, si no borrascosas, sí espinosas y escarpadas. No es lo mismo discernir si alguien hizo algo que si eso que hizo fue legal, si el tal sabía que lo era o no y si era esa su intención o no. Los niveles de falsabilidad, por seguir con Popper, son crecientemente arduos e incluso improbables.

Sirva este introito para certificar lo extremadamente penoso y laborioso que es definir con exactitud los hechos. Imaginen lo que debe ser tener que certificar la veracidad de los mismos y la relación entre ellos para describir unos comportamientos y sus consecuencias de modo que sea posible considerarlos y emitir un juicio sobre ellos.

No es una reflexión desmedida. Pondré un ejemplo para que se compruebe lo radicalmente confuso que puede ser concluir algo acerca de unos hechos que se dan por indudables. Recientemente he estado leyendo la nueva biografía de Francisco de Asís[i](1181, 82-1226), a la luz de las nuevas metodologías históricas, propuesta por el catedrático de historia medieval Alessandro Barbero, de la Universidad de Piamonte. Puede parecer extraño a nuestro propósito, pero verán que no lo es.

En sus primeras páginas, el profesor exhibe con minucioso análisis las dificultades de contestar las preguntas: ¿Quién fue Francisco de Asís? ¿Cómo era? ¿Qué hizo? Para cualquier persona medianamente culta parece un interrogante fácil de responder. La visión que se tiene viene definida por su apodo "il poverello" y el episodio del "hermano Lobo" y, aunque se desconozca mucho de su actividad, se tiene clara convicción de su oposición a las riquezas, de su amor a los animales, su ingenuidad, si se quiere, su sencillez y su conflicto con la Iglesia poderosa y soberbia.

¿Fue así el San Francisco de Asís real? ¿Cómo podemos saberlo o tratar de averiguarlo? Es importante ajustarse a lo veraz porque muchos utilizan su figura y su prestigio para aparecer como seguidores, herederos o afines, como Mussolini, que se comparaba con él como si la suya fuese la vida paralela del franciscano. Es aquí cuando nos damos cuenta de los obstáculos que se encuentran.

Para encontrar al Francisco de Asís real hay que acudir a las........

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