El chiste del español y las sentencias en los colegios de Cataluña |
El chiste del español y las sentencias en los colegios de Cataluña
Cataluña es una especie de Triángulo de las Bermudas judicial donde los derechos de los castellanohablantes directamente no existen.
El cumplimiento de las sentencias judiciales en Cataluña está sujeto a excepciones. Por ejemplo, los fallos relacionados con la persecución y discriminación del idioma español no se cumplen nunca. Esa es una ley no escrita, que son las importantes. Da igual qué juzgado se pronuncie al respecto, desde el más pequeño al Tribunal Supremo y el Constitucional. El resultado siempre es el mismo. Las autoridades se pasan las resoluciones judiciales por debajo del arco del triunfo en una obscena demostración de desprecio por el idioma materno de más de la mitad de la población de Cataluña. Un idioma oficial en la región, el español, que los políticos socialistas, comunistas y separatistas sitúan por detrás del urdú, el rifeño y el tagalo. Durante las últimas dos décadas el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) se ha pronunciado repetidamente en contra de la inmersión lingüística, ese tortuoso experimento sociológico que consiste en imponer el catalán a machamartillo y evitar a toda costa el español en los colegios. Da igual quien gobierne en la Generalidad. Es un malentendido muy generalizado el creer que cuando mandan los socialistas se afloja la presión contra el español. Nada más lejos de la realidad. Los socialistas son en realidad los autores intelectuales del sistema educativo y quienes por razones que incluyen los complejos por la procedencia y la clase social se ensañan con más entusiasmo en contra del español.
Acaba de ocurrir este mismo lunes. El TSJC ha ordenado aplicar su sentencia de septiembre de 2025 que anula varios preceptos de un decreto de la Generalidad de ERC para blindar la condición de lengua única del catalán en la enseñanza. Y el gobierno catalán ha contestado que ha defendido, defiende y defenderá ahora y siempre el catalán como única lengua vehicular en la escola catalana. El propio Salvador Illa, así como sus consejeros de Presidencia y de Política Lingüística han declarado sin titubeo alguno que el fallo del TSJC no les concierne, que los colegios mantienen el catalán como lengua única en todas sus actividades escolares y extraescolares y que recurren la resolución que no piensan cumplir porque no les sale del níspero y porque desobedecer en Cataluña es gratis para los separatistas, los socialistas y sus sucedáneos.
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Y así es como sentencias como la del 25% de español en la enseñanza obligatoria o como las que señalan que no se puede exigir un nivel intermedio o superior de catalán para ejercer de peón en un cementerio o de chófer de un diputado autonómico van al limbo de los fallos sobre lo que debería ser pero no es. No falla. El TSJC dice que se debe enseñar también en español en España y la Generalidad hace caso omiso sin disimulo alguno. Es más, hace caso omiso con publicidad y alevosía, recreándose en la suerte, cargando la mano, riéndose de los magistrados y advirtiendo de las consecuencias (ostracismo, señalamiento, burla, acoso, hostigamiento y amenazas) a quienes osen levantar la mano, pedir justicia y esperar que haya justicia. ¡Ja! ¿Justicia en Cataluña? Sí, hombre. ¡Y qué más!
También pasa que el mismo TSJC le pide a la Asamblea por una Escuela Bilingüe, la heroica entidad que lucha por la presencia del español en las aulas, que se conforme con tener razón, pero que no demande que se cumplan los fallos porque eso está fuera del alcance de una administración de justicia que carece de medios para verificar la aplicación de los mismos. Cataluña es una especie de Triángulo de las Bermudas judicial donde los derechos de los castellanohablantes directamente no existen. Se trata de una costumbre muy arraigada en la región desde que se instauró la Generalidad, un hábito totalitario, autoritario y antidemocrático el de despreciar a los tribunales que facilitó sobremanera el proceso separatista y que a día de hoy y con Cataluña y el resto de España en manos de los socialistas no sólo resta incólume sino que goza de gran predicamento.
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