Sin talones ni Ozempic |
Sin talones ni Ozempic
Somos tan iguales y, al mismo tiempo, nunca habíamos estado tan obsesionados con ser únicos. Y ahí está la paradoja.
Hemos convertido el cuidado en espectáculo y la disciplina en atajo. Pero hay una trampa elegante en todo esto. No es sofisticado pincharse una aguja en el estómago cada mañana para perder cinco kilos; es, como mínimo, una rendición maquillada de progreso. El fenómeno de Ozempic (o zempic, como ya se pronuncia en sobremesas con copa en mano) no habla de salud, habla de prisa. De una urgencia feroz por llegar a un cuerpo que ni siquiera sabemos si queremos o simplemente hemos aprendido a desear.
Descansar la dieta es un acto subversivo; porque implica aceptar que no todo se optimiza (ozempiciza), que no todo se acelera o se corrige. No somos un software a punto de evolucionar. Y adelgazar, lo siento mucho por mis amigos que han sucumbido a los encantos de la aguja milagro, sigue siendo, en esencia, comer mejor, moverse más y aceptarse. Todo lo demás son rodeos caros, cómodos y peligrosamente........