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El decano republicano

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11.10.2019

Alrededor de la cuna de la Segunda República pulularon numerosos recién llegados a la causa republicana. Algunos de ellos representaron papeles muy destacados tanto en su alumbramiento como en su gobernación, como los exmonárquicos Miguel Maura y Niceto Alcalá-Zamora. Pero entre tanto advenedizo destacó alguien que podía presumir de un largo currículo republicano: el cordobés Alejando Lerroux.

Desde joven ejerció de activista, de periodista y hasta de duelista, por lo que dio con sus huesos en chirona en no pocas ocasiones. Y en otras, para escapar de la justicia por sus polémicos escritos o por su complicidad en la Semana Trágica de 1909 y la huelga general de 1917, tuvo que exiliarse en Francia y Argentina. Han pasado con notable celebridad a los anales de las citas los incendiarios párrafos que escribió en 1906 para incitar a la juventud a enderezar el rumbo de España por medios revolucionarios:

Jóvenes bárbaros de hoy, entrad a saco en la civilización decadente y miserable de este país sin ventura, destruid sus templos, acabad con sus dioses, alzad el velo de las novicias y elevadlas a la categoría de madres para virilizar la especie, penetrad en los registros de la propiedad y haced hogueras con sus papeles para que el fuego purifique la infame organización social (…) No os detengáis ni ante los sepulcros ni ante los altares. No hay nada sagrado en la tierra, más que la tierra y vosotros que la fecundaréis con vuestra ciencia, con vuestro trabajo, con vuestros amores (…) El pueblo es esclavo de la Iglesia: vive triste, ignorante, hambriento, resignado, cobarde, embrutecido por el dogma y encadenado por el terror al infierno. Hay que destruir la Iglesia (…) A toda esa obra gigante se oponen la tradición, la rutina, los derechos creados, los intereses conservadores, el caciquismo, el clericalismo, la mano muerta, el centralismo, la estúpida contextura de partidos y programas concebidos por cerebros vaciados en los troqueles que fabricaran el dogma religioso y el despotismo político. Muchachos, haced saltar todo eso como podáis (…) Luchad, matad, morid.

Consideró que la monarquía era el gran obstáculo para la libertad y el progreso de España. Junto a su volcánico republicanismo, la faceta de su actividad política que más le caracterizó y que le procuró los mayores éxitos fue su beligerancia contra el catalanismo rampante desde el 98, al que definió, con agudeza, como "el hijo degenerado del contubernio monstruoso entre una aspiración literaturesca, romántica, y un malestar social subido al periodo agudo con motivo de la catástrofe nacional".

Con motivo del asalto al ¡Cu-cut! por los militares en noviembre de 1905, dio a la prensa un artículo ("El alma en los labios") en el que apoyó a los asaltantes y afirmó que, de haber sido militar, habría ido a quemar "La Veu, el ¡Cu-Cut!, la Lliga, el palacio del obispo (…) y varios conventos, escuelas de separatismo".

Se opuso al apoyo de los republicanos a la Solidaritat Catalana y, ganándose el apodo de "Emperador del Paralelo", se convirtió en la bestia parda de los catalanistas y enemigo irreconciliable de Cambó y Prat de la Riba.

Progresivamente evolucionado hacia un republicanismo moderado, fue uno de los firmantes del Pacto de San Sebastián y ministro de Estado en el gobierno provisional. Pero no tardaría en comenzar a descorazonarse, en mayo de 1931, por una quema de conventos que parecía inspirada por sus fogosos escritos anticlericales de un cuarto de siglo atrás. En sus memorias calificó aquellos hechos como "el primer borrón y la primera vergüenza" de la República naciente.

Vencedor su Partido Radical en 1933 en colaboración con la CEDA, Lerroux alcanzó la presidencia del gobierno, por lo que le tocó lidiar con la revolución socialista y el golpe de Companys de........

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