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Abascal no asusta. Hay que sacar a Franco

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12.10.2019

Suele decirse, y es cierto, que la política alcanza su verdadera influencia ideológica cuando penetra en ámbitos de la vida cotidiana. Por eso hay tanta ideología maquillada en las revistas del corazón, en las series de televisión y en los programas de entretenimiento.

El poder en la televisión y el control de lo que llaman "cultura" siempre han sido los objetivos prioritarios de la izquierda. Felipe González, en los años ochenta, dejó claro que RTVE sería "un instrumento fundamental" y Alfonso Guerra siempre quiso ser ministro de Cultura. No en vano, una intervención suya en un programa deLa Clave de José Luis Balbín dedicado a la poesía fue calificado por el todavía entonces ministro Pío Cabanillas como el peor revés para el ya agotado gobierno de la UCD.

Pablo Iglesias también ha confesado lo importante que es impregnar de política desde los telediarios a las series pasando por los programas presuntamente ligeros, las antiguas "variedades". En una entrevista en 2013, cuando todavía hablaba en macarrónico y no sabía programar el riego automático de una finca, fue de lo más sincero:

"Si el Gobierno depende de ti, tú tienes que exigir un mínimo de horas de televisión (…) Eso vale más, con todos los respetos, que la consejería de Turismo. Pa ti la consejería de Turismo. A mí dame los telediarios. Dame uno de los dos telediarios al día y tú te dedicas de gestionar los campos de golf en Andalucía que dan puestos de trabajo".

Y si a la izquierda le resulta fundamental controlar la televisión, a la derecha le es consustancial el cedérsela.

La ideología, como en las librerías, ha de estar en las secciones de ficción y de no ficción y, a poder ser, premiada o autopremiada para rodearla de una indiscutible autoridad sintética, similar al "reconocido prestigio" que tanto se usa para ascender y hasta para llegar sin coartada a determinados puestos de nómina pública.

Pablo Motos, uno de los menos sectarios entretenedores políticos, estuvo tenso, sin gracia y preguntando por cosas que no había visto, oído ni leído. Al fin y al cabo, la polémica funciona a las mil maravillas en televisión y la visita de Santiago Abascal al programa El........

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