Irán, la tumba política de Donald Trump |
Irán, la tumba política de Donald Trump
Su situación política ya era muy débil y con el ataque a Irán se añaden elementos muy inquietantes para la presidencia de Trump.
Uno de los principios fundamentales del movimiento MAGA, que fue asumido por Donald Trump en su campaña, era que Estados Unidos nunca empezaría una guerra y que más bien acabaría con todas las existentes. Pues esta línea programática, como tantas otras, ha hecho agua por todos lados y ahora Trump debe afrontar las consecuencias de una decisión a la que se ha visto arrastrado por Israel y por su ego, y que muchos de sus acólitos no entienden.
La disidencia interna, acallada por la verborrea trumpiana, comienza a hacer agua, y el vicepresidente J.D. Vance ya está pensando en las elecciones de 2028 y pone distancia con un Trump que no ha conseguido ninguno de los objetivos que se había marcado. La estrategia del vicepresidente es quemar a Marco Rubio con Trump y erigirse en el guardián de la ortodoxia MAGA.
Con Trump, y a pesar del ruido, no han aumentado las deportaciones respecto de los presidentes demócratas, la política arancelaria ha minado la confianza de consumidores e importadores, el ataque a la Reserva Federal perjudica gravemente a la endeudada economía estadounidense y la falta de confianza en las políticas ha llevado el dólar a mínimos.
Pero en el ataque a Irán se añaden elementos muy inquietantes para la presidencia de Trump. Las encuestas muestran un apoyo muy escaso de la población a la agresión, y el hundimiento de una fragata de forma alevosa sin una declaración de guerra, además de un crimen de guerra, constituye una violación fundamental de los poderes del Congreso para declarar la guerra. Trump con esta guerra se ha situado al margen de la Constitución y acumula suficientes crímenes para ser enjuiciado el día que las filas republicanas comiencen a quebrarse a medida que se acerca noviembre. El cese de la polémica Kristi Noem por un "negociete" de 200 millones que se había montado para darse más bombo que a Los Ángeles de Charlie, se suma a la posible desbandada tal como ocurrió en el primer mandato, mientras que hasta el histórico asiento republicano de Texas en el Senado puede caer en un joven, James Talarico, que ha hecho del manejo de redes, jóvenes y populismo religioso, un activo político que puede derribar fortalezas republicanas.
Marco Rubio, que ha llevado a Trump al neoconservadurismo tradicional republicano con las intervenciones en Venezuela, Irán y Cuba, explicaba claramente que ha sido Israel quien ha comenzado la guerra, ha eliminado a los ayatolás y golpea por toda la geografía de Irán, mientras Trump no ha querido quedar como el medroso que se achanta ante el órdago de Israel. En definitiva, Trump ha ido a la guerra de Irán por una cuestión testicular.
Irán continúa una semana después del inicio de operaciones enviando misiles y drones; es cierto que en mucha menor medida, pero no se vislumbran grietas significativas como para pensar que la amenaza ha desaparecido. Los bombardeos más indiscriminados de Israel pueden producir en la población iraní un efecto contrario al deseado. A Israel le interesa un Irán sumido en el caos; al resto del mundo, incluido Estados Unidos, para nada.
La nueva estrategia de apoyar a los kurdos para que sean la resistencia armada al Gobierno de los ayatolás también es una iniciativa de Israel, de una forma parecida a como se pretendió hacer en Irak. Aquello terminó con una república casi independiente en el norte del país que acabó siendo un problema para todos.
No podemos olvidar que los norteamericanos han vendido a los kurdos en Siria para apoyar al nuevo gobierno islamista, mientras que Israel ve en los kurdos el principal instrumento para meter presión a Turquía, Siria e Irán. Una posición más activa y efectiva de los kurdos en Irán quebraría la unidad de la Alianza Atlántica y en especial con Turquía y la débil alianza con Siria.
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La estrategia de Irán ahora es muy inteligente; no digo con esto que vaya a vencer, pero sí que puede hacer mucho daño. Los ataques a todos los países vecinos y el bloqueo del estrecho de Ormuz pretenden generar un caos internacional y presionar la economía. Después de una semana, el petróleo ha subido, y la gasolina más, ya que China ha decidido prohibir la exportación de gasolina y ya es una gran potencia mundial de refinado, lo que ha hecho que el precio de la gasolina en el mundo haya crecido significativamente y ya sabemos todo lo que viene detrás.
La distribución del suministro con las nuevas rutas para evitar la zona de conflicto ya está presionando de forma brutal al alza el precio de los transportes y los seguros, y esta realidad ya está produciendo resultados muy negativos en el mundo.
Si el régimen iraní no cae –y, en mi opinión, hoy está más lejos de caer que hace dos semanas– y mantiene la tensión, Estados Unidos se paralizará ante la falta de opciones para continuar o terminar la guerra. El tiempo corre en contra de Trump y, con unas elecciones en ocho meses que pueden dinamitar la segunda parte de su mandato, las opciones del presidente norteamericano se estrechan de forma acelerada. No es que vaya a ser un pato cojo, es que, sin el poder de las Cámaras, sus posibilidades de agotar el mandato son mínimas, y ya hay muchos republicanos que están afilando los cuchillos frente a un presidente que ha perdido el norte y que solo vive de convertir el Despacho Oval en un plató de televisión.
Israel vuelve a manejar la política de Estados Unidos en Oriente Medio y este es un gran error para todos los demás, ya que sus intereses son diferentes. Israel solo busca sobrevivir al margen del mundo y Estados Unidos necesita mantener una red de alianzas en la región fundamental en su política exterior. Ambos objetivos hoy son contrapuestos.
La semana económica en Estados Unidos unida a las tendencias de los últimos meses ofrecen un escenario de vértigo. La gasolina ha subido un 11% alcanzando los 3,32 dólares por galón, frente a los 2,98 dólares de la semana anterior, el petróleo Brent ha pasado de 73,21 $ a 82,34 $, y si se mantiene el conflicto la situación empeorará a medida que se consumen las reservas estratégicas.
Las hipotecas, aunque han bajado ligeramente, todavía están en el 6% frente al 2,2 % en 2021, mientras que la deuda en tarjetas de crédito alcanza 1,28 billones de dólares, récord histórico, y los créditos al consumo se encuentran al 12% utilizándose para mantener el nivel de vida, con una morosidad que crece y con un incremento muy peligroso de préstamos subprime de alto riesgo. La cesta de la compra continúa tan explosiva como hace un año con incrementos superiores al 10% de media en los últimos doce meses. Las enormes debilidades económicas de Estados Unidos son la principal arma de Irán para forzarlos a abandonar a su socio declarando una falsa victoria y salir del lío al que han sido conducidos por el zorro de Benjamin Netanyahu.
La postura de Europa debe ser clara: es una guerra ilegal y no puede apoyarla por muy loables que sean sus objetivos, pero ante la agresión iraní contra países de la OTAN y la Unión Europea es necesaria una acción militar de protección frente al agresor. Hoy para Europa ya es una guerra legítima. Esta debería ser la postura de todos los países europeos porque es una gran oportunidad para comenzar a volver a la racionalidad en la relación transatlántica, fortalecer a Ucrania frente a Rusia, y poner distancia con una administración norteamericana poco fiable e impredecible y a las puertas de un enorme cambio.
El "No a la guerra" del Gobierno español puede ser un buen recurso electoral, pero no se explica cuando España ha apoyado las operaciones de despliegue de Estados Unidos para la guerra y cuando estamos enviando fragatas y medios militares a la zona. Además, es difícil entender que se está en contra de la guerra cuando un gobierno se embarca en el mayor esfuerzo militar de la historia, una modernización que pretende disponer de una superioridad en el combate, es decir, en la guerra.
Veremos con atención cómo evolucionan los acontecimientos en los próximos días, pero si la situación se alarga, las consecuencias para Estados Unidos pueden ser nefastas y para Trump, su tumba política, cuando todavía le quedan tres años, demasiado pronto para morir políticamente.