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Siempre nos quedará Pekín

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Siempre nos quedará Pekín

Sánchez quiere ser el Gerhard Schroeder de Huawei, un caballo de troya en el corazón de Europa, un lobista al servicio de una dictadura y contra los intereses de su país

Está ya muy sobada la expresión "en un país normal esto no podría pasar". No existen los países normales y dudo que hayan existido. Están estos días en Noruega escandalizados con la relación de amistad entre la futura reina, la princesa Mette-Marit, y el defenestrado Jeffrey Epstein. En Estados Unidos, el vicepresidente Vance, tras convertirse al catolicismo hace tres cuartos de hora, se empeña en darle lecciones de teología al Papa, mientras Donald Trump publica imágenes de sí mismo como un Jesucristo salvífico resucitando a Lázaro. A ratos parece que vivimos en una simulación. Con todo, que la mujer del presidente del gobierno tenga que sentarse en el banquillo acusada de cuatro delitos es algo que, efectivamente, acabaría con la totalidad de gobiernos democráticos del Planeta Tierra sin excepción, pero en la Españita de la indefensión adquirida los trapicheos hediondos de Begoña Gómez son un día más en la oficina.

El PSOE tiene una concepción patrimonialista de las instituciones; al lado de Pedro Sánchez, Luis XIV era un ferviente partidario de la separación de poderes. Lo más llamativo de esta edición de la corrupción socialista es, sobre todo, lo rápido que empezó, la prisa que se dieron en iniciar el latrocinio. Se estaban robando encima, los pobres. Por eso Begoña, la acomplejada hija del dueño de un prostíbulo, se apresuró a montarse chiringuitos de venta de humo al por mayor con los que peinarse el pelo de la dehesa. Con los resultados por todos conocidos. Sostenéibol y no enmendáibol.

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Hablando de eso, el juez Peinado sigue esperando el pasaporte de Gómez. Con ese mismo documento ella y su marido han viajado a China a decirle a Xi Jinping que un admirador, un esclavo, un amigo, un siervo. La dictadura china celebró la visita comunicando que ellos, como Sánchez, están también "en el lado correcto de la historia". Aparentemente, y en ese fervor revisionista del sanchismo-pekinismo, en Tiananmén lo correcto era estar del lado de los tanques y no del tipo que se plantó delante de ellos.

Sánchez es un ser moral y políticamente corrupto y un sinvergüenza sin escrúpulos, y tampoco es tan inteligente como se cree (le sucede lo mismo a la mayoría de los socialistas con y sin carguito), pero sabe oler una oportunidad, especialmente si está bien pagada. El enfrentamiento con Trump, un tipo con el que comparte casi todas sus cualidades como político y como persona, le cayó encima como un chubasco al final de la sequía, y le permitió subir el siguiente escalón: alinear a España con China, no sólo contra todas nuestras alianzas estratégicas, sino contra toda lógica.

Pedro Sánchez quiere ser el Gerhard Schroeder de Huawei, un caballo de troya en el corazón de Europa, un lobista al servicio de una dictadura y contra los intereses de su país y del resto del continente. Sobre eso último el inquilino monclovita puede tomar lecciones de su antecesor en el cargo. Seguramente China pague más y mejor que Rusia, y eso que el ex presidente alemán, también socialista y también traidor, consiguió nada menos que convertir a su país en un yonki del gas ruso. Aunque no creo que sea estrictamente necesario limitarse a un pagador. Gracias a Schroeder, Alemania acabó renunciando a la energía nuclear, que es exactamente lo mismo que está intentando el PSOE en España; si es por los mismos motivos o por otros aún más inconfesables, lo dirán el tiempo y los juzgados.


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