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Feminismo con Dior

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11.02.2020

La ceremonia de los Oscar dejó de ser hace tiempo la rutilante exhibición de la industria cinematográfica de Hollywood. En el aspecto formal lo sigue siendo. Ni se celebra en una nave sin decorar ni se presenta allí nadie vestido con lo primero que encontró en la cesta de la ropa sucia. Pero tengamos por seguro lo siguiente: si lo hiciera sería por una buena causa. Porque la causa más o menos política, más o menos social, más o menos la que toque, es aquello que de modo invariable define, desde hace años, lo que antes era un acto de celebración y reclamo del entretenimiento de masas por excelencia que es, o fue, el cine. Entonces era glamour sin otras pretensiones. Ahora es glamour pretencioso.

El comentarista del semanario británico The Spectator se preguntaba cómo el podio de los Oscars se ha transformado en un púlpito. Una tribuna desde la que actores y actrices privilegiados nos sermonean sobre política y moral, bajo el discutible........

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