Mar de Marchis nunca me envió una foto
Mar de Marchis nunca me envió una foto
Sin salir de su casa, sin dar jamás la cara, sin presentarse a ninguna reunión, Mar de Marchis logró crear una desorbitada red de contactos.
Anda alborotado el periodismo patrio con la publicación de La bola, de Daniel Verdú, un libro que explora la figura de una de las mujeres más extraordinarias de la historia de España. Una mujer que no fundó un imperio, ni inventó una vacuna, ni viajó al espacio. Simplemente creó una revista cultural en blanco y negro.
La revista en cuestión se llama Jot Down, y en su momento leí algunas de sus entrevistas, que me admiraron porque parecían una conversación infinita. Nunca, sin embargo, me planteé quién podría estar detrás de aquella publicación hasta que el revuelo causado por el libro de Daniel Verdú ha colocado una vez más la historia de su fundadora en el foco mediático.
Así he sabido que la revista nació en 2011 de la mano de una mujer misteriosa que reclutó a varios usuarios de un foro de internet en el que llevaba participando desde 2006. La mujer se presentaba como Mar de Marchis y decía vivir en Londres y ser representante de futbolistas. Muy pronto se hizo la reina del foro y creó una relación de intimidad con numerosos usuarios, a los que llamaba por teléfono a todas horas y a los que enviaba fotos suyas. Según los testimonios en Twitter de varios antiguos colaboradores de Jot Down, esas fotos podían llegar a estar muy subidas de tono.
La mujer, como ya os imagináis, ni se llamaba Mar de Marchis, ni vivía en Londres, ni representaba a futbolistas. Era una señora de Alicante con agorafobia que llevaba varios años sin salir de casa y que se creó una identidad ficticia como vía de escape. Y, por supuesto, las fotos de la rubia despampanante que enviaba a todo el mundo no eran suyas, sino de la peluquera que acudía con regularidad a su domicilio y con la que había trabado una cierta amistad.
Hasta aquí tenemos una historia chusca, pero nada del otro mundo. Lo asombroso es que Mar de Marchis no solo se valió de unos solitarios necesitados de cariño para fundar su revista, sino que se puso a llamar por teléfono a numerosos periodistas y escritores de renombre para convencerlos de que colaboraran en su revista –a menudo, según sostiene Daniel Verdú, sin cobrar–. Y muchos de ellos aceptaron.
Sin salir de su casa, sin dar jamás la cara, sin presentarse a ninguna reunión, Mar de Marchis logró crear una desorbitada red de contactos y erigir sobre muchos colaboradores una influencia que iba mucho más allá de lo profesional, y en la que no faltaron las fotos de su peluquera, que enviaba por WhatsApp a granel. Dice Daniel Verdú: "Mar ya había prometido amor, o lo que fuera aquello, a tantas personas que incluso viejos amigos o afamados columnistas de la prensa española, algo mayores o muy jóvenes, discutieron o se pelearon entre ellos y estuvieron a punto de no volverse a hablar. Una genialidad".
Mar de Marchis envió fotos a todos los columnistas de España menos a mí, y por eso nunca he escrito en Jot Down. Si no me........
