Irán, espejo de los Estados Unidos |
De izquierda a derecha: el secretario de Defensa, Pete Hegseth, y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump / Europa Press/Contacto/Will Oliver - Pool via CNP
¿Para qué han servido más de cincuenta años de guerras en Oriente Próximo?
Desde 1979, la República Islámica de Irán ha llamado a Israel «pequeño Satán», una entidad que debe ser «borrada del mapa», un «tumor» que merece ser «arrancado».
Israel, mientras tanto, ha ido perdiendo la semblanza de un Estado democrático inspirado en el modelo liberal, respetuoso de los valores de la igualdad, la libertad y los demás derechos humanos, con una separación clara entre religión y Estado. Se ha convertido en lo que algunos autores califican como un Estado etnocrático (el concepto es de Oren Yiftachel, académico israelí de la Universidad Ben-Gurión del Néguev), nacionalista y altamente militarizado, que no sabe relacionarse con sus vecinos árabes y palestinos sino a través de la lógica de la destrucción.
Entretanto, los Estados Unidos de América también han acabado pareciéndose más a Irán de lo que Irán lo ha hecho a los Estados Unidos. Un ejemplo. Mike Johnson, máxima autoridad de la Cámara de Representantes, asociado al conservadurismo social y al originalismo constitucional dentro del Partido Republicano, acudió en 2015 con su hija a un purity ball (“baile de pureza”), un evento propio de ciertos entornos evangélicos. En él, su hija Hanna (de 13 años y vestida de novia) juró públicamente a su padre (vestido de novio) que iba a mantenerse virgen hasta el matrimonio.
Otro ejemplo: en el acto en recuerdo del activista conservador Charlie Kirk, tras su asesinato en un debate público en la University of Utah, Stephen Miller, subjefe de Gabinete para Asuntos de Política (Deputy Chief of Staff for Policy) en el gobierno de Trump, se dirigió al público en los siguientes términos:
«Somos la tormenta. Nuestros enemigos no pueden comprender nuestra fuerza, nuestra determinación, nuestra firmeza, nuestra pasión. Nuestro linaje y nuestro legado se remontan a Atenas, a Roma, a Filadelfia, a Monticello.»
«[…] Erica [la viuda de Charlie Kirk] se alza sobre los hombros de miles de años de mujeres guerreras que formaron familias, levantaron ciudades, levantaron industria, levantaron civilización, que nos sacaron de las cavernas y de la oscuridad hacia la luz.»
«La luz derrotará a la oscuridad. Prevaleceremos sobre las fuerzas de la maldad y del mal. No pueden imaginar lo que han despertado. No pueden concebir el ejército que han levantado en todos nosotros. Porque defendemos lo que es bueno, lo que es virtuoso, lo que es noble.»
«Y quienes intentan incitar la violencia contra nosotros, quienes intentan fomentar el odio contra nosotros, ¿qué tenéis? No tenéis nada. No sois nada. Sois maldad. Sois celos. Sois envidia. Sois odio. No sois nada. No podéis construir nada. No podéis producir nada. No podéis crear nada. Nosotros somos quienes construimos. Nosotros somos quienes creamos. Nosotros somos quienes elevamos a la humanidad.»
«Pensaron que podían matar a Charlie Kirk. Lo han hecho inmortal.»
Hoy mismo, al tiempo que Benjamin Netanyahu habla de Irán en términos de los amalecitas (enemigos bíblicos del pueblo judío sobre los que la Torá exhortaba a borrar hasta su memoria), la Military Religious Freedom Foundation ha denunciado más de 200 casos en los que comandantes de diversas ramas del ejército estadounidense habrían recibido informes oficiales que «afirmaban que la guerra con Irán es parte del plan de Dios y que el presidente Donald Trump fue ungido por Jesús para encender la señal en Irán y provocar el Armagedón que marcará su regreso a la Tierra».
Y comenzaron bombardeando una escuela. Mataron a 165 niños y niñas.
El problema es que, a fuerza de emplear la violencia, uno acaba volviéndose incapaz de recurrir a métodos distintos de la guerra. Se encadena a ella. Como la violencia es destructiva, en cuanto el enemigo comienza a recuperarse, vuelve a parecer necesaria, tanto más si hubo “mártires” en el propio bando. Si no bombardeamos de nuevo, ¿para qué habrán servido aquellas muertes? Así se instaura la doctrina de la violencia cíclica: la estrategia que Israel ha empleado tradicionalmente con Palestina (antes del genocidio) y que, de forma insultante e inhumana, el mando militar terminó llamando “cortar el césped”, es decir, operaciones militares periódicas destinadas a degradar las capacidades enemigas sin eliminarlas definitivamente.
"El hábito de la violencia erosiona la capacidad de imaginar otros medios, otros recursos, otras estrategias no violentas"
"El hábito de la violencia erosiona la capacidad de imaginar otros medios, otros recursos, otras estrategias no violentas"
Ahora que Estados Unidos ha atacado a Irán dos veces en el espacio de dos meses, vemos cómo Israel arrastra a la primera potencia mundial hacia su propia doctrina. ¿Es esta la alternativa que Trump prometió a sus votantes frente a las tradicionales “guerras eternas” de Vietnam, Irak y Afganistán? No. En realidad, es otra forma de guerra eterna.
Lo que nos han enseñado los últimos cincuenta años es que el hábito de la violencia erosiona la capacidad de imaginar otros medios, otros recursos, otras estrategias no violentas. Esta incapacidad es también la que suprime la facultad de ver al adversario como un ser humano («Sois maldad. Sois celos. Sois envidia. Sois odio. No sois nada») y aleja, cada vez más, la posibilidad de la paz a través del diálogo. Si bien es cierto que la guerra es impredecible, hay algo que se puede saber de antemano: quien se acostumbra a ella acaba convirtiéndose en la peor versión de su enemigo.