Un tiburón en el acuario
El presidente de la Diputación de València, Vicent Mompó, el del PP, Alberto Nuñez Feijoo, y el presidente de la Generalitat, Juanfran Pérez Llorca, en un acto en Sueca este verano. / Fernando Bustamante / LEV
Si alguien tenía alguna duda sobre que a Vicente Mompó le faltan unos cuantos hervores para poder liderar una candidatura como la del PP a la jefatura del Consell, supongo que esta semana le habrá quedado clara la cosa. La todavía ministra y secretaria general del PSPV, Diana Morant, acusó al presidente de la Diputación de Valencia en una red social (esas que los políticos denigran tanto como luego ceban a diario), de preocuparse sólo por poner a salvo a su entorno más cercano el funesto día de la DANA. La imputación de Morant parte de una media verdad y es injusta. Pero entra dentro de la crítica política legítima. Lo que no cabe es el zafio exabrupto con el que Mompó le respondió, llamándola “hija de Zapatero” y “lameculos de Sánchez” y dirigiéndose a ella por su nombre de pila, sin apellido, un truco humillante que algunos políticos sólo se atreven a usar cuando el objeto de sus pullas es una mujer, nunca cuando el rival es otro hombre.
Con todo, lo de Mompó no pasaría de ser un episodio muy menor dentro del clima guerracivilista que padecemos si no fuera por las maniobras que el presidente provincial del PP de Valencia ha impulsado, en algunos casos, dejado hacer en otros, para alzarse con esa candidatura a la Generalitat de su partido desplazando a Llorca, lo que le convierte en un actor de carácter al que es obligado hacer seguimiento. Con su indisimulado enfrentamiento con Catalá, primero, y sus movimientos luego contra Llorca, el presidente de la Corporación provincial ha puesto en evidencia que el PP está más o menos unido en Alicante y Castellón, pero sigue roto en Valencia. Para variar. Lo que ocurre es que quizá Mompó no ha valorado suficiente que en esta contienda él es el que tiene........
