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¿Tú también, Arcadi?

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31.05.2026

El Ministro de Hacienda, Arcadi España / José Luis Roca

Vivimos en todos los órdenes (el político, el social, el económico…) una etapa de fin de ciclo. En España, quizá porque el entendimiento ha sido siempre la excepción y la polarización (incluso tan extrema como para llegar a una guerra civil) la norma, los fines de ciclo han sido habitualmente tumultuosos. A Adolfo Suárez, al que Alfonso Guerra llamaba en el Parlamento tahúr y unas cuantas y peores cosas más, no le bastó ni siquiera con dimitir para evitar que unos cuantos espadones, por fortuna más patéticos que profesionales, intentaran con las armas acabar con la democracia, apoyados por lo que entonces llamábamos los ‘poderes fácticos’ y ahora se confunde con ‘la fachosfera’. El golpe fracasó pero el partido que Suárez había fundado para liderar con él el camino hacia la Democracia desapareció en apenas unos meses. Después vino el triunfo arrollador de Felipe González pero también su final, con el GAL, el escándalo de Roldán y el del gobernador del Banco de España, un ministro dimitiendo un día y otro al siguiente mientras Aznar repetía aquella cansina cantinela del ‘paro, despilfarro y corrupción’ o el famoso ‘váyase, señor González’ fue tan agónico que la derrota supuso para él, según confesión propia, un alivio en vez de un castigo.

Y aun con todo, Aznar sólo pudo ganar, como tituló su portada a toda plana El Periódico, ‘por un pelo’, y luego acabó probando su propia medicina. La primera legislatura fue la del reparto de las empresas públicas entre compañeros de pupitre y las cesiones sin tasa a Pujol, hasta acabar sacando de las carreteras catalanas a la Guardia Civil. La segunda produjo algunos de los momentos más vergonzosos de la democracia española: ese presidente cayendo en la humillación de referirse a ETA como el Movimiento Vasco de Liberación Nacional (el vídeo de aquella entrevista en RTVE pueden encontrarlo fácilmente). El accidente del Yak 42 en el que se produjo la mayor mortandad de militares fuera de una acción de guerra: 62 fallecidos a cuyos familiares no fueron capaces de darles explicación ni consuelo y les entregaron los restos mezclados. La egolatría elevada a la máxima potencia con aquella boda de su hija en El Escorial, con oropeles de infanta. El desastre del Prestige, con el chapapote tiñendo de negro las playas mientras el Gobierno hablaba de ‘hilillos’. Dos de........

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