Vergüenza e indignación ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? |
Centenares de personas comienzan una acampada improvisada en la Puerta del Sol durante una manifestación para denunciar el desahucio de Maricarmen Abascal. / Matias Chiofalo / Europa Press
¿Cómo definirán los historiadores en el futuro esta esta nueva era de desorden global, de grandes rupturas? ¿Cómo explicarán este momento crítico del proyecto europeo? ¿Qué valoración harán sobre las decisiones de los actuales parlamentos y gobiernos europeos? ¿Cómo analizarán las movilizaciones ciudadanas de este tiempo? Por ahora, solo podemos preguntarnos cómo hemos llegado hasta aquí y si nuestra forma de ser y de ver el mundo nos permite soportar impasibles algunas de las cosas que ocurren o, en cambio, te invade un sentimiento de vergüenza e indignación. A modo de ejemplo, lo haremos tomando como referencia tres momentos recientes, en tres escalas distintas, que han coincidido prácticamente en una semana.
En primer lugar, cuando escuchas el último discurso, impregnado de dignidad y dolor, del secretario general António Guterres ante la 81ª Asamblea General de Naciones Unidas, constatas la distancia insalvable que existe entre sus palabras y este nuevo tiempo de impunidad y brutalización de las sociedades. Habló de guerras devastadoras, de Palestina, de ignorancia total de los derechos humanos, de dobles raseros, de las grandes trasferencias de poder (económico, político y tecnológico) desde los gobiernos hacia actores privados incontrolados, del aumento de las desigualdades y de los efectos de dos amenazas existenciales: el cambio climático y la inusitada rapidez con la que evoluciona una inteligencia artificial que ya escapa del control de quienes la crearon. Era inevitable pensar en la creciente irrelevancia de la ONU, pero también en la anomalía que suponía que pudieran hablar al mundo presidentes que habían ordenado secuestrar, encarcelar y asesinar a otros jefes de Estado de Venezuela o Irán; o que hablara el responsable de un genocidio y de........