Golpes, focos y goles en propia puerta

El WOW 29, una noche histórica para el MMA en el Roig Arena / J. M. López

Juanfran Pérez Llorca y Donald Trump eligieron el mismo plan para su último sábado por la noche. El president asistió a la velada de boxeo y lucha organizada por Ilia Topuria en el Roig Arena; el autoproclamado vigía de Occidente, a un combate de artes marciales en Miami. Hay gustos para todo y, por evitar moralismos, baste con señalar la coincidencia. Aunque Llorca conserva esa visión más europea de ejercer el poder que el empresario neoyorquino. Aquí el intercambio de golpes sigue siendo dialéctico y, cuando se pierde, no se asalta el Capitolio más cercano.

Celebrar esa diferencia parece fundamental para que pase pronto esta tendencia a entender que gobernar bien consiste en colgar en redes hasta la paella del domingo. Se entiende la urgencia del inquilino del Palau por exhibir al máximo su cargo para conservarlo, pero la derrota de Orbán en Hungría demuestra que lo que acaba pasando factura es desconectarse de la realidad. Esa deriva combina una dosis de narcisismo desbocado con el cerco de una pléyade de aduladores sin criterio. Me consta que Llorca dispone de mecanismos para corregir esos defectos, pero están fuera del Palau. Uno de los grandes errores de Orbán ha sido empapelar Budapest con carteles que mostraban a su opositor Péter Magyar junto a Zelenski, dejando al descubierto su dependencia de Putin y olvidando la tendencia humana a empatizar con el débil.

Supongo que alguien en la sala de máquinas del PPCV estará revisando las fotos de Diana Morant con Pedro Sánchez, pero, tal y como discurre la geopolítica actual, parece más prudente invertir en los asuntos propios. No vaya a ser que mirar tan de reojo al rival acabe provocando conjuntivitis. Porque las elecciones, como LaLiga, se ganan con regularidad y evitando derrotas a base de goles en propia puerta.

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El uso excesivo de instantáneas fugaces como herramienta de acción política se evapora enseguida. El voto se ha vuelto bastante pragmático, y lo que espera la ciudadanía es una mejora de su bienestar cotidiano, más allá de aficiones, eventos festivos, procesiones o bailes regionales coyunturales. Por cierto, ahora que regresan quienes proclaman que solo necesitan las redes sociales para ganar elecciones, bienvenidos otra vez al país de las maravillas.

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Juan Francisco Pérez Llorca


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