Prioridad (y nacional)
Cabecera de la manifestación que, convocada por la rama juvenil de Democracia Nacional, bajo el lema "Vivienda social, prioridad nacional", ha transcurrido desde Cibeles hasta la Puerta del Sol, en Madrid. / EFE/Emilio Naranjo
Las palabras no son actos, como quería el francés, sobre todo útimamente, que se usan como si fueran canicas, y se exprimen, se potencian, se juega con ellas hasta disociarlas de lo que representan: ideas, objetos, situaciones, hechos. Estamos en el lío de la “prioridad nacional”, la mercancía de Vox que la logrado lo que pretendía: ser el “hit parade” en el debate nacional. La dichosa “prioridad” no es sino una erupción extrema de nacionalismo, y el nacionalismo es la médula espinal del pensamiento reaccionario español. Y tiende al etnicismo, claro. A partir de ahí hay un enorme campo libre para el desarrollo de las teorías organicistas sobre los vínculos sociales, donde el individuo no es nada y la sociedad -el pueblo, la tierra, la patria, el pasado, lo simbólico- lo es todo. La “prioridad nacional” no es ninguna novedad, como todo el mundo sabe (o no). Es una constelación muy antigua en el firmamento de las ideas políticas. Proviene de Francia, territorio cultivador de la mayor parte de los productos políticos intelectuales, y posee su origen en los Barrés y Maurrás de principios del XX, y en los “racismos” de Renan y de Taine. Francia, la gran ensaladera del pensamiento político, igual da lechugas que melones. Quiere decir uno que esa ensalada de nacionalismo étnico, de antimestizaje, de antiliberalismo, de contrauniversalismo, de antiilustración, de la relegación de la persona frente al pueblo y la masa,........
