A la espera de una ilusión (torera) en la Feria de Fallas
Víctor Hernández es uno de los toreros que más ilusionan en la Feria de Fallas / EFE/Borja Sánchez-Trillo
El viejo reloj del toreo torna a sonar. Ha llegado la hora. Cuando los clarines toquen a las cinco de la tarde en la plaza de toros de València, solamente habrá una cosa cierta en la realidad mundanal del toreo: la ilusión.
¿No habéis reparado nunca en la fuerza y en la expansión íntima y profunda que produce la ilusión en el toreo?
El toreo asume un tratamiento artístico de la ilusión absolutamente seductor, regido por una especie de impulso proyectado en un entramado mitológico a lo largo de los años de aficionado, de visita cada tarde a la plaza.
Por ahí, por esa selva virgen de la previa de una corrida de toros, puede uno internarse sabiendo que lo aguardan frecuentes extravíos, pero también copiosos deslumbramientos. Y más después de ocho meses sin toros en València tras las obras de iluminación.
Por eso, con algunos nombres que vemos en la actual programación taurina de València, esta Feria de Fallas que un servidor cumple diez años desde que dejó de ser un espectador anónimo y entró al frente de la sección taurina de Levante-EMV, la ilusión desciende y se disipa como el humo de un cigarro. Sombras de una caverna platónica que muchas veces suponen los hilos invisibles que tejen las combinaciones, definitivamente pretéritas para los tiempos modernos de hoy.
Un sistema muchas veces «mentiroso», como esos toros que en una rabieta empujan duro hacia los adentros, animan a la gente; y luego cantan la gallina de su mansedumbre.
Sin Morante de la Puebla ni Diego Urdiales en los carteles, una profunda tristeza para los aficionados, son ausencias entendidas como dolorosa orfandad y que en caso de haberse producido sus contrataciones para València estaríamos celebrándolas como un triunfo.
Samuel Navalón antes de iniciar su faena de muleta en Las Ventas / EFE/Borja Sánchez-Trillo
En otros, la ilusión aparece tan viva como un carmín en la mejilla. Porque cada concepto tiene unos valores positivos y unos defectos consiguientes, y hemos de saber que el toreo es algo sujeto a principios lógicos, es decir, una técnica que puede aprenderse, pero también algo instintivo, intuitivo, que surge en un determinado número de toreros como un impulso incontrolable. Nada menos que de Juan Belmonte es esta frase: «En el toreo hay -según lo entiendo- algo más que la técnica del «parar», «templar» y «mandar», existe una cosa íntima que ha de poseer el artista: un sentimiento fogoso, vibrante, apasionado -casi lindero con lo sexual y erótico-, que es lo que más se transmite a los públicos».
La reaparición de Navalón
En esa línea de la ilusión está un hombre íntegro, soñador, valiente como Samuel Navalón, joven torero de Ayora que reaparece el sábado 14 de marzo tras una de las cornadas más graves de la temporada pasada. Estuvo a centímetros de perder la vida y solo el simple hecho de decidir que va a volver a ponerse el vestido de torear ya es un motivo para soñar. Igual que Víctor Hernández con la corrida de Santiago Domecq, los Fortes y David de Miranda con La Quinta en la que también está Román, el llenazo de Andrés Roca Rey, el momento artístico de Pablo Aguado, la pelea de Borja Jiménez con Rufo...
La ilusión también brilla en los ojos del maestro Gregorio Tébar ‘El Inclusero’, que con esa voz sonora sabe secretos para toda clase de toreros, toros y trances del toreo. Un insurrecto de lo más llamativo, una especie de héroe difuso avecindado ya en mis fabulaciones librescas.
Una extraordinaria verónica del maestro Gregorio Tébar 'El Inclusero' en Las Ventas / Levante-EMV
Me tentaba seguirle la pista a aquel que me enamoró tras ver alguna foto suya en un lance a la verónica. Sus palabras ahora acrecientan mi interés por aquel personaje tan a contracorriente y que mantiene ese clima cultural del toreo en que ha vegetado desde que Pepe Manzanares lo educó con esa pureza tan fuera de toda clase de convencionalismos. Lo demuestra en una entrevista en el Extra de Fallas que pronto se podrá leer en la edición digital. Esa pureza de la que habla es la que nesitamos ahora mismo en el toreo... La que ilusiona de verdad.
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