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Quiebra internacional y el fracaso de la globalización

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14.03.2026

Archivo - La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, interviene ante el pleno del Parlamento Europe reunido en Estrasburgo (Francia). / DAINA LE LARDIC / PARLAMENTO EUROPEO - Archivo

La quiebra del orden internacional y la de la legitimidad del liderazgo de los Estados Unidos van a la par. El último despropósito en Irán junto con lo acontecido desde principios del año pasado son pasos hacia la culminación del primer mandato de la Administración Trump: America First avanza sembrando el caos. Sobre el resultado de todo esto solo caben malos augurios e incertidumbre: ni se sabe cuándo podría acabar la guerra, a pesar de la brevedad anunciada, ni qué consecuencias políticas, económicas y sobre todo humanas pueda tener. Pero ahí está la supremacía que rompe las reglas del juego sin rubor porque considera que le puede beneficiar. Digamos, la versión moderna y corregida del think tank Proyecto para el Nuevo Siglo Americano impulsado por el neoconservadurismo y la Administración Bush en 1997 y que sirvió de base ideológica para la invasión de Irak.

El fracaso político es un hecho porque el revés ya se lo ha llevado la idea de un mundo basado en reglas. Dicen que rectificar es de sabios, pero no siempre es así: hace unos días la presidenta de la Comisión Europea, Von der Leyen, justificó todo este desorden internacional rupturista. Posteriormente rectificó, pero el daño ya estaba hecho. ¿Qué esperanza le queda a la democracia si el Viejo Continente claudica frente a Donald Trump? Luego está el fracaso del mundo globalizado neoliberal que se remonta a 2008 con la crisis financiera y cuyas vulnerabilidades quedaron al descubierto con consecuencias que resuenan todavía. Prueba de ello es la desafección social hacia las instituciones y las élites políticas que ha servido de base a la expansión de los populismos. Y de aquellos polvos estos lodos.

Todo está conectado y la crisis actual es un fenómeno sistémico. La vieja idea de una gobernanza global en los términos de aquella democracia cosmopolita de la que hablaron autores como David Held o Ulrich Beck se desvaneció hace tiempo. El fracaso es que no haya espacio entre aquel ideal y la tragedia política internacional de hoy, pasando de la utopía a la distopía convertida en realidad. El fracaso es tener que agarrarse a los valores clásicos de la democracia como si no hubiera un mañana. Y ese es precisamente el peor de todos los posibles, no saber si hay un mañana para la paz y la libertad.

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