No a la guerra no es un eslogan

Una personas muestra un cartel de "No a la guerra" en una manifestación. / Mateo Lanzuela - Europa Press

Pienso en Donald Trump y lo imagino como si fuera un adolescente jugando al Fortnite. El problema es que todo esto no es un videojuego, sino la realidad de un mundo que se desvanece por momentos de forma abrupta y sin capacidad para vislumbrar el límite de una guerra incierta. Tampoco Trump es un quinceañero, sino un señor en la madurez y con plena conciencia de lo que hace. Aunque no lo parezca y disfrute lanzando bombas como si tal cosa.

Me niego al relato polarizador: estar en contra de esta guerra en absoluto quiere decir estar a favor de los ayatolás. La primera falacia es que Irán resiste —aunque débil porque ha perdido parte de su cúpula política— y la guerra que iba a ser breve se alarga. Las consecuencias económicas arrecian y no sabemos hasta dónde podrían llegar los efectos de esta cruzada. El Banco Central Europeo prevé que la inflación escale por la subida del precio de la energía: ahí se encuentra el arma con la que ataca Irán a gran escala, reventando la economía global. La Administración Trump ha dicho que necesita doscientos mil millones de dólares para seguir con el lío bélico; una barbaridad para una guerra que decían tener ganada. Mientras, el Gobierno español ha aprobado un paquete de medidas de más de cinco mil millones de euros para paliar la subida de precios provocada por esta insensatez.

Para el Partido Popular la oposición del Gobierno a la guerra es oportunista; sin embargo, lo que desconcierta es su postura: dice estar con la mayoría europea, pero lo que se ve es una fuerte influencia de la extrema derecha. El Ejecutivo se ha mantenido firme y contundente desde el minuto cero, llevando incluso la iniciativa en la Unión, tal y como se pudo comprobar en la reunión del Consejo Europeo del jueves: “Esta no es la guerra de Europa”.

No a la guerra no es un eslogan, entraña una carga considerable. Es una forma de entender el mundo y las relaciones internacionales. Es defender una posición de presente para preservar el futuro desde el derecho internacional y no desde el imperialismo. Es entender que la mejor arma para la resolución de conflictos no son las bombas, sino la negociación.


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