Volver a conjugar el verbo progresar

Donald Trump, ante la ventana del Despacho Oval de la Casa Blanca. / Al Drago

A veces solo hace falta abrir la puerta para encontrar el mundo de hoy. La mañana aún no ha recibido al sol. Las farolas gobiernan una plaza que renace cuando se acerca la hora del instituto. Dos críos, cuesta llamarlos adolescentes, de negro (como casi todos), con sudadera y cabeza cubierta (como casi todos), fuman el primer y oloroso canuto del día al lado de una bebida energética (Toro Loco, el nombre habla). Ganas de decirles que están opositando a arrepentirse dentro de treinta años. Callo. No se necesitan más vigilantes de la moral. Un hombre espera en otro banco, encogido, hasta que aparece una adolescente. Ella se acerca, él se levanta, se saludan cercanos y familiares (cuando no hace falta retórica), y ella continúa presta su camino para reunirse con las amigas que la esperan al otro lado. Diez, quizá quince segundos de encuentro, tras diez, quizá quince minutos de espera. Interpreto que es un padre separado cuidando vínculos, o reconstruyéndolos, quién sabe. Un joven ya en edad de trabajo cruza con un patinete. Es preciso en sus rutinas: frena y, sin........

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