Sed de mal

Pedro Sánchez y Begoña Gómez. / Matias Chiofalo

Hay columnas que nacen de un título. En este caso el del clásico negro de Orson Welles. Sed de mal. Es como un resumen de estos días airados. El intento alocado y ridículo de muerte en directo del presidente del imperio, el tercero en dos años, por lo que implica de normalización de la sangre y la violencia como acción política. La respuesta agresiva contra los medios de comunicación por su manera de contar el suceso, por lo que tiene de política de control y sometimiento. La deshumanización del otro, el extranjero, concebido como ciudadano de categoría inferior, con derecho solo a las sobras del bienestar. La laminación de un territorio en Oriente Próximo, como si la vida de los que ocupan esa franja fuera de menor valor. La chulería chusquera del diputado ultra encaramado a lo alto de la tribuna del Congreso. Los insultos al presidente del Gobierno convertidos casi en pan nuestro de cada mitin. Los mensajes deseando la muerte de un torero. El asedio al que simboliza al otro, con la escena del agitador acosando a la mujer de Pedro Sánchez como forma de intentar doblegarlo a él. “Apretad”. Sed de odio. Y lo que antes se decía en la barra de un bar entre salivazos al serrín del suelo, hoy es un vídeo cuyas reproducciones se multiplican cuanto más rencor contenga.

Sucedió no hace mucho en un viaje de las........

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