¿Un territorio en depresión?
Corberán, cabizbajo, ante la afición del Valencia CF en Mestalla. / Germán Caballero
Mientras escribo, hace 25 años el mundo se dislocaba y entraba en una fase violenta y distópica que nos ha traído hasta aquí con la lengua fuera y los ojos rotos. La tarde de aquel 11 de septiembre, cuando Nueva York olía a polvo, Paul Auster escribía un artículo de urgencia entre el miedo y la incredulidad. “Y así empieza finalmente el siglo XXI”. Comenzó el siglo y una era. De espectacularidad, sed de venganza, fanatismo, crueldad desenfrenada, deshumanización... Los rasgos de aquella jornada se han extendido como marca de un tiempo. Las consecuencias de aquel día son el mundo de hoy. Por un lado, rabia, temor, odio y nacionalismo de búnker como respuesta. Por otro, una sociedad desorientada que no ha dejado de levantarse, pese a los golpes nuevos, como el 11M, la pandemia, Gaza… “Sube, pon tus manos en las mías”, dice el estribillo de la canción que Springsteen dedicó a aquel día. Como metáfora, el polvo de muerte y destrucción que cubrió la ciudad aquel 11 de septiembre de hace 25 años ha llegado hasta aquí impidiendo ver con claridad el mundo.
La paradoja (uno siempre ve paradojas) es que, hoy, la principal huella valenciana en la gran capital del mundo es el grandioso edificio que se levanta sobre las ruinas de aquellas torres y que intenta evocar una........
