Mi vieja Edeta

Termas de Llíria / AC

Ahí las termas del tiempo de los romanos. El subterráneo de los baños árabes. El tiempo rendido a la belleza en un apartado rincón de la memoria. O mejor, de la historia. A veces las confundimos. Y eso no es bueno. Ahora se habla mucho de la memoria y demasiadas veces no se sabe lo que se dice. Un torpe amontonamiento de recuerdos cogidos con alfileres, la mezcla refranera de churras y merinas, lo que queda de una lluvia que llenó de incertidumbres el pasado. Lo decía Borges, que a mí nunca me cayó bien porque no quiso ver cómo los cuerpos de la insurgencia eran lanzados al mar en la Argentina de los milicos golpistas de 1976 a 1983. Si el poeta no canta lo que pasa, qué demonios canta. Hace unos días, el tiempo de antes y el de ahora se juntaron para descubrirme que, como escribía Forugh Farrojzad, la gran poeta iraní, los sitios por donde anduve tantas veces tenían «muchas historias que contar». Mirar atrás sin nostalgia, con la ira ajustada a los desmanes del tiempo, sin esa complacencia que tanto se estila cuando se trata de construir biografías envueltas en el engañoso celofán de la impostura. Miren el rey fugado a Abu Dabi y Julio Iglesias. Vaya par.

Calle de la Llíria Medieval / A.C.

Han pasado más de cincuenta años desde entonces. Sesenta, tal vez. De todo........

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