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El asiento 98

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Manifestación en Paiporta / Levante-EMV

En la última fila del cine se besaban los enamorados. Lo cantaban los Drifters en Kissing in the back row of the movies cuando éramos jóvenes y Joaquín Sabina aún no se había inventado que aquellos besos alcanzaban la apoteosis con las películas de romanos. Entonces iba al cine mucha gente. Tenías que sacar las entradas con antelación y más aún si no querías quedarte sin asiento en las últimas filas. El amor los domingos por la tarde. Sentir que la vida surgía de las sombras, como una especie de milagro luminoso en medio de tanta oscuridad. Aquel tiempo era una mierda, aunque ahora cuatro indocumentados digan que nunca ha habido en este país tiempos tan buenos como aquellos. Lo dicen sabiendo o sin saber que los están timando, pero eso sí: con el cerebro más vacío que las botellas que apuraba Nicolas Cage en Leaving Las Vegas hasta caerse muerto.

Mazón en su escaño 98 / Levante-EMV

Ahora ya hay muchos sitios donde se besan los enamorados. Y no hace falta que sea en un cine o los domingos por la tarde. Que le pregunten si no, a Carlos Mazón, por ese asiento 98 que su sucesor, Juan Francisco Pérez Llorca, le ha reservado en la última fila del Parlamento valenciano: un regalazo para continuar como aforado después de que 230 personas murieran bajo las aguas mientras él se lo pasaba pipa en........

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