Humanamente reconciliados |
Cenas de Navidad con amigos y familia / L-EMV
Desde pequeño, la Navidad siempre ha sido un periodo sinónimo de familia. Aquellas personas que no solemos ver mucho a lo largo del año vienen al encuentro. Como diría Goleman, son momentos que quedan incrustados en los recovecos más inhóspitos de la amígdala. Queramos o no, la Navidad rompe todos nuestros esquemas. Chesterton ya se asombraba de la gran diversidad de la familia. Nos han atado sanguíneamente antes de preguntarnos si queríamos o no. No es sumisión ciega, sino una liberación que se adentra en las profundidades de la vida.
Reunirse en torno a la mesa no es un acto baladí, sino que refleja una de las realidades más humanas: compartimos una igualdad más allá de las apariencias. Pese a la variedad de religiones, ideas políticas, estaturas, marcas de ropa y estudios que puede haber, lo que es invisible a los ojos permanece haciéndonos iguales. Todos tenemos nuestras alegrías y penas, miedos y anhelos, gustos y disgustos. ¡Cuántas veces se ha dicho que no hablemos de religión y de política! ¿Acaso queremos echar más leña al fuego?
La comunión en torno a la mesa queda con demasiada frecuencia eclipsada por las desavenencias humanas. Nos gusta discutir. Parece que estemos........© Levante