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Marx actual

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16.10.2021

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En las últimas décadas, luego de la caída del Muro de Berlín y la desa- parición del campo socialista, se ha producido una visible renovación de los estudios sobre la vida y la obra de Karl Marx. No se trata de una paradoja sino de un fenómeno perfectamente comprensible. Durante la Guerra Fría, el pensamiento de Marx formaba parte de los legados en disputa. Frente a los tratados soporíferos del marxismo soviético, los libe- rales más flexibles y los marxistas más críticos debían releer al pensador alemán e, incluso, reivindicarlo, tomando distancia, a la vez, del dogmatismo de Moscú y del anticomunismo conservador de Occidente.

Se trataba de una operación intelectual compleja que algunos, como Hannah Arendt o Isaiah Berlin, sortearon mejor que otros, como Jean-Paul Sartre o Herbert Marcuse, quienes en Crítica de la razón dialéctica (1960), del primero, y El marxismo soviético (1958), del segundo, acreditaron amplias zonas de la ortodoxia soviética. Después de 1989, liberales o marxistas han podido regresar a Marx sin necesidad de posicionarse ante los dilemas de la Guerra Fría. Esa ventaja se refleja lo mismo en las relecturas marxistas de quienes buscan salidas socialistas a la crisis del liberalismo que en quienes preservan el marco liberal, luego de someterlo a crítica.

La pregunta por la actualidad de Marx en el siglo XXI ha recorrido el campo académico en las últimas décadas. Pero la respuesta de filósofos e ideólogos ha sido diferente a la de historiadores y biógrafos. La filosofía neomarxista (Michael Hardt, Antonio Negri, Alain Badiou, Jacques Rancière, Slavoj Žižek, Ernesto Laclau, Chantal Mouffe…) produjo teorizaciones valiosas sobre el “imperio”, la “multitud”, el “evento”, la “fantasía”, el “populismo” o lo “real”. Sin embargo, detrás de todas aquellas elucubraciones, armadas con relecturas de Lacan y Derrida, del posestructuralismo francés y el psicoanálisis lingüístico, operaba el inten- to de sondear una nueva posibilidad para el comunismo, antes que demostrar la actualidad de Marx.

El marxismo originario produjo dos teorías, que sus fundadores entendían unidas y que la historia se encargó de desunir: la del capitalismo y la de la revolución. Si la primera no hace más que confirmarse, aunque en las condiciones del nuevo capitalismo posindustrial, la segunda lleva más de siglo y medio de refutaciones continuas. No es que después de la muerte de Marx, en 1883, no se produjeran revoluciones –de hecho se produjeron muchas: la mexicana, la rusa, la china, la cubana– sino que fueron esencialmente distintas al tipo de revolución obrera que el autor de El 18 brumario de Luis Bonaparte (1852), a partir del 48 francés y alemán y de la Comuna de París de 1871, vislumbró.

Las revoluciones fueron formas de hacer política, en el siglo XX, más comunes que la democracia, sobre todo, en América Latina, Asia y África. Pero esas revoluciones, como advirtieran contra la corriente hegemónica de la iii Internacional el socialista británico de ascendencia sueca e india Rajani Palme Dutt y el peruano Víctor Raúl Haya de la Torre, debieron anteponer o incorporar a la lucha de clases causas como la descolonización, la soberanía nacional, la identidad indígena o la reforma agraria, que Marx nunca consideró decisivas en la historia de la humanidad.

Después de todas aquellas revoluciones del siglo XX, de todos los nacionalismos y socialismos, de todas las identidades culturales y guerras civiles, el capitalismo sigue en pie. Un capitalismo........

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