We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close
Aa Aa Aa
- A +

La autarquía ilusoria de Fidel Castro

5 0 0
18.11.2021

Nombre de usuario o dirección de correo

Contraseña

Recuérdame

Se ha escrito mucho sobre Fidel Castro en las últimas semanas, pero la dificultad para discernir su legado dentro de la izquierda latinoamericana del siglo XX sigue siendo tan grande como cuando ejercía su enorme poder desde La Habana. La misma dificultad a la que se enfrentó C. Wright Mills, el influyente sociólogo de la Universidad de Columbia, en 1961, mientras compilaba los textos de su antología Los marxistas (1962), rescatada por la editorial Era en 1964. Mills era amigo de la Revolución cubana, a la que había defendido en su libro Escucha, yanqui (1961), pero dudaba en torno a la pregunta de cuál era el aporte de Fidel Castro a la izquierda socialista. Al final de su antología, dedicaba un apartado al “marxismo fuera del bloque”, donde incluía un discurso del yugoslavo Edward Kardel y mencionaba la Revolución cubana como una de las promesas de la nueva izquierda posestalinista.

Sin embargo, a la hora de escoger un texto emblemático de esa izquierda en la isla, el sociólogo no se decidió por alguno de los muchos discursos de Fidel Castro sino por las “Notas para el estudio de la ideología de la Revolución cubana” de Ernesto Guevara. Era en el Che donde, a juicio de C. Wright Mills y también de Jean-Paul Sartre, había que encontrar lo más parecido a una teoría de la revolución latinoamericana, en diálogo y, a la vez, en tensión, con las tradiciones occidentales y soviéticas del marxismo- leninismo. Castro personificaba la radicalización comunista de un nacionalismo revolucionario o populista, propio de la zona centroamericana y caribeña, sometida a la hegemonía de Estados Unidos desde fines del siglo XIX, pero su discurso, hasta 1962, no se diferenciaba demasiado del de otros líderes de la izquierda previa, como Jacobo Árbenz, Lázaro Cárdenas o su mentor en el Partido Ortodoxo, Eduardo Chibás.

Wright Mills y Sartre serían dos de los fundadores de una mirada a la Revolución cubana, desde la izquierda occidental, que nunca tomó muy en serio la identidad comunista del proyecto político de Fidel Castro. Lo decisivo en las ideas de Castro, según aquella hipótesis, era el alcance de una soberanía plena de la nación, que se imaginaba como la expulsión tajante de los intereses estadounidenses de la isla. Pero durante los 47 años y medio que gobernó, entre 1959 y 2006, toda la independencia que logró y todos los derechos sociales que distribuyó en Cuba tuvieron como trasfondo la dependencia económica de la Unión Soviética y el campo socialista de Europa del Este, primero, y de la República Bolivariana de Venezuela, después.

Cuando el lenguaje de Fidel comenzó a diferenciarse del nacionalismo revolucionario o populista, a mediados de los años sesenta, entró en el dilema de adherirse a la corriente de la nueva izquierda latinoamericana, liderada por el Che Guevara, o suscribir los códigos del marxismo-leninismo de factura soviética. Hasta 1968 o 1971 esas dos tendencias se manifestaron intermitentemente en la oratoria del líder revolucionario. A veces, como en sus palabras en la Plaza Roja de Moscú, en abril de 1963, Castro hablaba de la urss como una “sociedad sin clases explotadas y explotadoras” o “un pueblo todo trabajador”. Otras, como en su intervención en el congreso de la Organización Latinoamericana de Solidaridad (olas), en agosto de 1967, mientras Guevara peleaba en Bolivia, reiteraba las críticas del argentino a la burocracia y la geopolítica soviéticas, por su falta de solidaridad con los movimientos revolucionarios y descolonizadores del Tercer Mundo.

Desde 1971, cuando Cuba se integró plenamente al Consejo de Ayuda Mutua Económica (came), el mercado del bloque soviético, Fidel Castro suprimió toda crítica pública a Moscú y a las llamadas “democracias populares” del campo socialista. Hasta la caída del Muro de Berlín y la desintegración de la urss, entre 1989 y 1992, las ideas y los enunciados del dirigente cubano fueron perfectamente funcionales dentro del socialismo real. El propio sistema de la isla reprodujo las instituciones básicas de aquellos regímenes, como se observa en la Constitución de 1976, todavía vigente: partido comunista único, ideología de Estado “marxista-leninista”, control gubernamental de la sociedad civil y los medios de comunicación, restricción de derechos........

© Letras Libres


Get it on Google Play