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Carranza: revolucionario y estadista

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11.11.2021

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Felipe Ávila

Carranza. El constructor del Estado mexicano

Ciudad de México, Crítica, 2020, 392 pp

Un político, en la más plena connotación de la palabra, se pone a prueba en procesos revolucionarios. Alexis de Tocqueville creyó ver el arquetipo en John Quincy Adams en Estados Unidos o en Charles Maurice de Talleyrand en Francia. José Ortega y Gasset en Mirabeau, un noble que defendió la representación del Tercer Estado, la monarquía parlamentaria y la constitución civil del clero. A diferencia de Talleyrand, que sobrevivió a Napoleón, Mirabeau solo vivió el primer año de la Revolución, pero su talante negociador marcó para siempre el experimento francés.

Si hubiera que buscar un equivalente en la Revolución mexicana, ninguno tendría más atributos que Venustiano Carranza. Nacido en Cuatro Ciénegas, Coahuila, en plena Guerra de Reforma, y dentro de un conocido clan liberal del noreste, Carranza recorrió todas las estaciones de la política mexicana entre 1890 y 1920. En las últimas décadas del porfiriato fue presidente municipal de Cuatro Ciénegas, senador federal por Coahuila y gobernador interino de su estado. En la Revolución fue gobernador electo de Coahuila y primer presidente constitucional de la nueva república.

La reciente biografía de Carranza, escrita por Felipe Ávila, propone pensar esa evolución ascendente en medio del cambio revolucionario. No hay dudas de que Carranza era un político antes del estallido revolucionario y que, en buena medida, sus dotes de negociador se plasmaron en la lucha contra la hegemonía del gobernador José María Garza Galán y en su respaldo a otros líderes regionales como Miguel........

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