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Beatriz Allende, la Revolución y el machismo

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20.10.2021

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Tanya Harmer
Beatriz Allende. A revolutionary life in Cold War Latin America
Chapel Hill, University of North Carolina Press, 2020, 384 pp.

Hace una década, la historiadora de la London School of Economics Tanya Harmer escribió un libro que renovó los estudios sobre la Guerra Fría en América Latina. El Chile de Unidad Popular y Salvador Allende fue la experiencia que le permitió sostener que el principal eje de tensión ideológica y política en el hemisferio, entre los años cincuenta y ochenta del siglo XX, no fue el que dividía al Este del Oeste sino el que separaba al Sur del Norte de América. Ahora, en un nuevo libro, Harmer propone indagar la intensa conexión, no libre de dudas y desconfianzas, entre la Revolución cubana y la llamada “vía chilena al socialismo”.

La ruta elegida es la biografía de Beatriz Allende, la segunda de las tres hijas de Salvador Allende y su esposa Hortensia Bussi. Las tres, Carmen Paz, Beatriz e Isabel, nacidas en los años cuarenta, eran jóvenes cuando su padre llegó a la presidencia en 1970 y se involucraron en el proyecto de Unidad Popular. Pero fue Beatriz quien estuvo más cerca de su padre y quien, por sus fuertes vínculos con la Revolución cubana, fue asumida como heredera del legado de Allende en los años posteriores al golpe de Estado de Augusto Pinochet en septiembre de 1973.

Como sus hermanas, Beatriz tuvo una formación de élite en la capital chilena, a mediados del siglo XX. Asistió a escuelas privadas como La Maisonnette y el colegio británico para muchachas Dunalastair. Su padre era un médico, fundador del Partido Socialista, que había sido diputado de la república, ministro de Salubridad, Previsión y Asistencia Social bajo el gobierno de Pedro Aguirre Cerda y que en 1945 iniciaría una prolongada carrera en el senado chileno. Cuando tuvo que elegir su profesión, Beatriz se decidió por la medicina, que cursó en la Universidad de Concepción a principios de los años sesenta.

Medicina y política eran los dos pilares de la vocación de su padre. También lo serían para ella, con una diferencia sustancial: su padre era un profesional de la política democrática; ella se convertiría en una profesional de la política revolucionaria. La madurez ideológica de Beatriz llegó con la Revolución cubana de 1959. Ese mismo año, durante la reunión de ministros de la OEA en Santiago, conoció a dos........

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