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El regate Pradera

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05.01.2026

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La grandeza de un personaje se mide en dos escalas. La primera, tangible y mensurable, lo compara a sus contemporáneos. La segunda, en buena medida evanescente y discutible, lo enfrenta a quienes lo antecedieron y, sobre todo, a quienes lo sucedieron, e intenta medir la huella que dejó. En el deporte, donde los ejemplos son más fáciles, Dick Fosbury ganó una medalla de oro en salto de altura; Pelé, tres mundiales; y la Checoslovaquia de Panenka, una Eurocopa contra pronóstico. El caso de Fosbury es quizá de los más evidentes, ya que su ejemplo en México 68 enterró el salto de tijera y consagró el “Fosbury Flop” como el único camino a las medallas y los récords. Dos años más tarde, también en México, Pelé protagonizó dos jugadas geniales nunca antes vistas. En un partido de la primera fase contra Checoslovaquia, aprovechó un balón suelto en el centro del campo para largar un impresionante chut que superó al adelantado portero rival, que solo pudo seguir el arco descendente de la pelota con la mirada, como los miles de fascinados espectadores en el campo y los millones que han visto la jugada repetida, para ver cómo se perdía por apenas un palmo a la derecha de la portería. Unos días más tarde, en el partido de semifinales contra Uruguay, al encarar en un mano a mano al portero, el brasileño amagó con el cuerpo sin llegar a tocar el balón; él pasó por la derecha del meta y el balón por la izquierda, y tras rodearle llegó a la pelota con el tiempo justo de tirar a puerta. La pelota lamió el poste y se fue fuera. Ninguna de las dos fue gol, pero aún generan incredulidad y asombro. Pelé demostró ser el mejor de su época ganando tres mundiales, pero su talla histórica descansa en igual o mayor medida en esos dos no goles. En el caso de Antonín Panenka, su genial lanzamiento del último penalti en la tanda que decidió la final de la Eurocopa de 1976, esperando con una sangre fría espeluznante a que Sepp Maier, el mítico portero alemán, se lanzara a un lado para marcar con un toque suave y centrado, tapó en buena medida el éxito de su selección.

En el mundo de la edición todo, o casi todo, es evanescente y discutible, pero poca duda cabe del peso de Javier Pradera, de cuya........

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