Nápoles, ciudad latinoamericana

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“Ver Nápoles y luego morir”, escribió Goethe en su Viaje a Italia que realizó en 1786. Contemplando desde el Corso Vittorio Emanuele a la ciudad y su bahía, al Vesubio, verde y engañosamente tranquilo, y a los contornos distantes de Sorrento y Capri, sentí que efectivamente es lo máximo en belleza natural para la vista. Pero en los más de doscientos años desde que Goethe viajó, Nápoles ha sufrido unas duras realidades y una prensa aún peor.

Visitándola otra vez hace un par de meses, se me ocurrió con contundencia que tiene muchas semejanzas con América Latina. Por algo Diego Maradona se sintió en casa durante los ocho años que jugó en la ciudad. Nápoles tiene la misma mezcla de grandeza y miseria, codo a codo, que tiene Río de Janeiro, otra excapital imperial. El barrio de Chiaia, con sus elegantes edificios residenciales de la belle époque napolitana y sus jardines de adelfas y buganvilias, se encuentra a solo unas calles del barrio Español, notorio hasta hace poco por su pobreza tugurizada y su delincuencia, ahora en un proceso todavía incierto de gentrificación turística.

Nápoles tiene una tradición cultural de una riqueza extraordinaria. De Virgilio a Elena Ferrante ha inspirado a escritores y a filósofos como Giambattista Vico y Benedetto Croce. Miguel de Cervantes vivió en la ciudad de 1572 a 1575. Walter Benjamin reaccionó a su arquitectura y cultura formulando el concepto de porosidad que fue la base de la teoría crítica........

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