Cartas de locos y tontos
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El sultán otomano Mehmed IV, que llegó al poder siendo un niño y se mantuvo en él durante casi cuarenta años (de 1648 a 1687), tuvo entre sus muchas y fallidas campañas militares la batalla contra los cosacos de Zaporozhia, entre 1675 y 1678. Es difícil confirmar qué es parte de la leyenda y qué es real, o hasta qué punto. Mehmed IV, cuya permanencia en el trono solo fue superada por Solimán el Magnífico, es el antípoda de este, ejemplo de maestría política, táctica, refinamiento e interés por el arte.
Se cuenta que, tras su absoluta derrota frente a los cosacos, y sin darle importancia, Mehmed IV les envió una misiva exigiéndoles su rendición: quienes lo humillaron debían convertirse en sus súbditos. No había ninguna lógica militar en ello. Los cosacos respondieron por medio de una carta que desapareció, pero una aparente copia del siglo XVIII ha servido para colocarla dentro de los delirios verbales que permiten las tangentes del poder: delirio la exigencia del sultán como delirio la reacción, que parecería fuera de todo código normativo, salvo porque no es necesariamente tan ajena a la condición epistolar de tiempos más recientes.
Yo, Mehmed VI, hijo de Mohamed, hermano del sol y de la luna, nieto y vicerregente de Dios, soberano de todos los reinos: de Macedonia, Babilonia y Jerusalén, del alto y bajo Egipto, gobernante de todo lo que existe, extraordinario e invencible caballero; guardián constante de la tumba de Jesús Cristo, fideicomisario de Dios mismo, esperanza y confort de musulmanes, confusión y gran protector de cristianos, ordeno a ustedes, los cosacos de Zaporozhia, se rindan voluntariamente ante mí y sin ningún tipo de resistencia, ¡y no se permitan molestarme con sus ataques!
Yo, Mehmed VI, hijo de Mohamed, hermano del sol y de la luna, nieto y vicerregente de Dios, soberano de todos los reinos: de Macedonia, Babilonia y Jerusalén, del alto y bajo Egipto, gobernante de todo lo que existe, extraordinario e invencible caballero; guardián constante de la tumba de Jesús Cristo, fideicomisario de Dios mismo, esperanza y confort de musulmanes, confusión y gran protector de cristianos, ordeno a ustedes, los cosacos de Zaporozhia, se rindan voluntariamente ante mí y sin ningún tipo de resistencia, ¡y no se permitan molestarme con sus ataques!
Los de Zaporozhia, entonces, respondieron:
¡Tú, satán otomano, hermano y camarada del maldito diablo y secretario del mismo Lucifer! ¿Qué tipo de caballero piensas que eres? Tú y tu ejército tragarán la mierda del diablo. No das la medida para tener cristianos a tu cobijo. Tú, mozo de Babilonia, mecánico macedonio, cervecero de Jerusalén, pelacabras alejandrino, porquero del alto y bajo Egipto, cerdo armenio, cabra tatar, verdugo kamenet, ladrón de Podolia, nieto de la serpiente maligna, y bufón de todo........
