Carta desde Bogotá: Anatomía del Nene Cepeda en su centenario |
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La leyenda cuenta que una mañana de 1954, Álvaro Cepeda Samudio se presentó en las oficinas de Gráficas Mora-Escofet, la imprenta más importante de Barranquilla por aquellos años. El gerente era amigo de su familia y Cepeda quería convencerlo de que le diera un mejor precio para imprimir su libro Todos estábamos a la espera. No fue una visita inútil: aunque el gerente le impuso la obligación de aportar el papel, aceptó reducir el costo del trabajo a quinientos pesos y comenzar la impresión sin exigir un adelanto. Se suponía que, una vez terminado el libro, Cepeda pagaría la deuda. Los hechos, sin embargo, tomaron otro rumbo.
Una tarde, Cepeda llegó al Café Colombia, donde se reunía casi a diario con Gabriel García Márquez y otros amigos, y anunció:
–Ya tengo los quinientos pesos. Me los dio Rafa.
Rafa –“don Rafa” para los miembros de la tertulia– era el padrastro de Cepeda. La noticia era excelente y decidieron celebrarla sin demora, pero el festejo dejó todo como estaba,pues los quinientos pesos, hasta el último centavo, terminaron en manos del dueño del establecimiento.
Días después, Cepeda volvió alborozado.
–Rafa me dio otros quinientos pesos.
La noticia volvió a celebrarse. La mesa se llenó de vasos y botellas. Uno de los contertulios, con ánimo precavido o meramente burlón, comentó:
–Bueno, pero esta vez no nos gastemos los quinientos pesos.
Lo dijo demasiado tarde: los quinientos pesos ya se habían esfumado. Don Rafa, hombre de buen humor, se divertía al enterarse del destino que corrían en el café sus dádivas.
Por fin, Cepeda logró reunir la cifra encantada. Esta vez sí fueron de inmediato a la imprenta. Antes de despedirse, el gerente de Mora-Escofet les recordó:
–Ahora solo falta que me traigan el papel.
–Eso no es ningún problema –respondió Juancho Jinete–. Yo trabajo en la importadora de Silva, Herrera y Obregón. Mañana mismo se lo pongo aquí en la planta.
Y así fue. Meses después, el libro salió a la callebajo el sello de la Librería Mundo
a un precio de cuatro pesos el ejemplar. ¿Y el papel?
–Nunca lo pagamos. Yo dije en la oficina que se había mojado y, por resignación o cansancio, dejaron de cobrárnoslo –recordó, años más tarde, Juancho Jinete.
Anécdotas como esta no fueron rarezas en la vida de Cepeda Samudio: más que excepciones, terminaron convirtiéndose en regla. En sus cuarenta y seis años reunió tal cantidad de episodios cómicos o estrafalarios que la simple enumeración de los hitos de su biografía roza, por momentos, los lugares comunes más manidos del realismo mágico. ¿No suena exageradoafirmar que, a los veinte años, conseguía tigrillos para que su amigo más cercano, el industrial Julio Mario Santo Domingo, pudiera regalárselos a las tenistas suecas participantes en el Abierto de Barranquilla? ¿No parece inverosímil sostener que, en 1967, ya como director del Diario del Caribe, un teniente de Policía lo confundió con el Che Guevara y lo encarceló por subversivo? En Personas,........