Cuando era niña pensaba que no había libros escritos para mí
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Cuando era niña pensaba que no había libros escritos para mí. Todo lo que leía eran relatos de hombres que atravesaban selvas peligrosas, que cruzaban los cielos en globos estáticos o descendían a las profundidades del mar para descubrir extraños monstruos, máquinas fantásticas, reinos vegetales donde había árboles petrificados, lianas de mar, extrañas flores que eran la alfombra de la oscuridad, sitios inimaginables que me hacían pensar en cómo serían esos lugares si yo estuviera ahí. Leer sobre ríos peligrosos donde vivía un huérfano aventurero que arriesgaba todo por la amistad o saber de la intimidad en la casa de cuatro hermanas que compartían sus juegos y deseos más profundos me hacía pensar que yo también podía escribir eso que no encontraba: mi propio paraíso. Leer era, en esos días, descubrir mundos lejanos en otras lenguas. Y, aunque todavía podría evocar el fervor que me causaba enterarme de la enorme ballena blanca que habitaba en el fondo marino o del agujero........
