John Ashbery y el ritmo de la poesía

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John Ashbery siempre esquivó las confesiones. Expresaba la relación entre su vida y su poesía como “muy cercana pero oblicua”. No le gustaba hablar de sí mismo, y esto ha contribuido al secreto de sus poemas. En The Songs We Know Best, Karin Roffman hace un detallado recorrido por los años de juventud de Ashbery, marcados por una relación conflictiva con su padre, la muerte temprana de su hermano o la hostilidad de su entorno hacia su identidad sexual. Pero aunque es posible rastrear en sus poemas un tono nostálgico, elegíaco incluso, no puede decirse que representen un testimonio de estas vivencias. Dan Chiasson, en su obituario en The New Yorker, lo califica como “el mayor poeta de la memoria”. Y lo que Ashbery responde es que “Our question of a place of origin hangs / Like smoke”.

Esto no es obstáculo para que sus textos estén marcados por la experiencia. Pero una “experiencia de la experiencia”. “Lo que trato de conseguir”, explica, “es una experiencia general, para cualquier ocasión, como esos calcetines que valen para todas las tallas”. Y también: “paradigmas de la experiencia común que espero que otras personas compartan”. Es lo que habla en Una ola cuando dice “creo que la lluvia nunca sumergió cosas más dulces y prosaicas como estas con las que nos encontramos aquí, ahora, y creo que esto va a tener que ser suficiente”. Esta insistencia en lo común, unido a rasgos como su abundante uso del nosotros —normalmente sin determinar, y en alternancia........

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