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La venganza de Martín Amis

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15.10.2021

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“En los meses que siguieron al 11 de septiembre no leí mucha ficción”, explicaba el escritor inglés Ian McEwan en una entrevista tras la publicación de su novela Sábado. “Cualquier genocidio implica un enorme reto para un novelista. Mientras que con sólo un deceso el novelista puede tejer una trama, con tres mil muertos la proporción del sufrimiento rebasa lo que cabe en 350 páginas.” La respuesta de McEwan a esa suerte de encrucijada artística fue precisamente Sábado, un libro escrito para la era del terrorismo, donde el instante fatal se ha vuelto asunto cotidiano.

McEwan no está solo. Para los novelistas estadounidenses, el derrumbe de las Torres Gemelas supuso también un acertijo. Es significativo que, después de siete años, los estantes de las librerías sólo puedan presumir algunos, contados, libros que abordan, desde la libertad de la ficción, lo ocurrido en 2001. Jonathan Safran Foer lo intentó con su Extremely Loud and Incredibly Close, invocación salingeriana en la que un huérfano trata de encontrar sentido a la ausencia del padre muerto en los atentados. En un tono menor, Philip Beard trató de capturar el naufragio de la sociedad estadounidense en Dear Zoe, donde la muerte accidental de una pequeña desata una serie de confrontaciones familiares. La huella del 11 de septiembre está también en los libros más recientes de John Updike (Terrorista), Don DeLillo (El hombre del salto) y, veladamente, Cormac McCarthy; de los tres, sólo La carretera, del tercero, se salva de la quema. En general, para los novelistas, el 11 de septiembre ha demostrado ser un auténtico galimatías, dejando a........

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