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Crónica de una derrota

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18.06.2022

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Finalmente, después de cinco años de impunidad política, George W. Bush y el Partido Republicano han sido castigados por el electorado estadounidense. Ya era tiempo. Tras el martes negro del 2001, la era del terrorismo había entregado un cheque en blanco a Bush. El voto del miedo se convirtió en el factor determinante de los siguientes dos ciclos electorales. En las elecciones intermedias del 2002, el Partido Republicano se hizo del control de ambas cámaras gracias a la popularidad de Bush, quien, inexplicablemente, era visto como un líder apto para los tiempos que vivía el país. La historia se repitió en las presidenciales del 2004. A pesar de la creciente incompetencia con la que el gobierno manejaba entonces la situación iraquí, el electorado estadounidense volvió a caer en el garlito y prefirió al malo por conocido que al bueno por conocer. Buena parte de la fortuna del partido del Presidente se debió al voto ultraconservador, piedra de toque de la estrategia diseñada por Karl Rove y el resto de los tácticos republicanos. Agresiva y activa, la derecha religiosa parecía destinada a definir la vida electoral y política estadounidense por años.

El Partido Republicano poco a poco comenzó a olvidarse del pulso real de la opinión pública en Estados Unidos, que es, en el fondo, mucho más moderada que lo que podría indicar la línea del gobierno de Bush. Desde el rechazo a la investigación en células madre al extraño escándalo sobre la eutanasia en el caso Schiavo, el nombramiento de magistrados ultraconservadores a la Suprema Corte o, por supuesto, la tristemente célebre construcción del muro fronterizo con México, los republicanos en el Congreso sólo se dedicaron a cortejar a la base conservadora. Y, por largo tiempo, la realidad les dio la razón. Después de todo, el triunfo del presidente Bush en el 2004 no habría sido posible sin la participación entusiasta del voto de la derecha religiosa en estados clave como Ohio, donde Rove tuvo la maquiavélica idea de incluir una propuesta para legalizar el matrimonio entre homosexuales. La lógica del estratega republicano funcionó a la perfección: los votantes conservadores se presentaron en las urnas para derrotar la iniciativa, y ya teológicamente enardecidos, sufragaron por Bush.

Con la reelección, los republicanos se prepararon para establecer un dominio permanente en los tres poderes de la Unión. Al Legislativo y al Ejecutivo se unió el Judicial cuando el Presidente consiguió la aprobación........

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