La era del desconocimiento, con Kiko Llaneras |
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Vivimos rodeados de datos y, al mismo tiempo, de desconfianza hacia quienes los interpretan. ¿Hemos dejado de creer en los expertos, o solo cuando no nos afecta directamente? En la presentación del número de mayo de Letras Libres, “La era del desconocimiento”, Daniel Gascón conversa con el periodista de datos Kiko Llaneras sobre la relación entre conocimiento, atención y polarización: por qué tenemos opiniones más matizadas sobre el colegio de nuestros hijos que sobre el salario mínimo, qué nos enseña el hantavirus sobre cómo funciona la autoridad científica en momentos de crisis, y si el problema es realmente la desinformación o simplemente que nadie rinde cuentas de sus predicciones.
Kiko Llaneras es periodista de datos en El País. Su último libro es Piensa claro. Ocho reglas para descifrar el mundo y tener éxito en la era de los datos (Debate).
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[Aquí una transcripción editada.]
DANIEL GASCÓN: Muy buenas tardes. Muchas gracias por venir y gracias al Pandora por acogernos. Me hace mucha ilusión estar con Kiko, que ha presentado otras veces y que es una persona que siempre me gusta leer; siempre me resulta muy iluminador e interesante, no solo por todo lo que sabe, sino por la forma de contar. Es un placer.
Voy a mencionar dos o tres cosas del número además del tema principal. El tema principal es “La era del desconocimiento”: queremos hablar del rechazo al conocimiento y, a la vez, la instrumentalización de lo que parece científico, y de la relación que eso puede tener con la polarización, de cómo la edad de la información es también el momento de la confusión. Hay otros textos en el número: uno sobre la expulsión de varios científicos en la administración Trump, que hace que los números sean más de actualidad cuando los publicamos que cuando los pensamos. También hay un texto de Margaret MacMillan sobre el derecho internacional en relación a Irán, y otro de Mónica Duffy Toft. Christopher Domínguez Michael escribe sobre la biografía de Lezama Lima, hay un subtema sobre espías con el texto de Ricardo Dudda, y un texto muy curioso de la serie de Bárbara Mingo, “Los raros”.
Con Kiko vamos a hablar de temas relacionados con el tema de portada, pero primero quería contar que llegué más tarde que él. Me decía que él iba a llegar tarde por culpa del hantavirus. Cuéntanos un poco.
KIKO LLANERAS: Llego tarde porque las noticias no se saltan. Venía pensando en el hantavirus: ya sabéis que hay un crucero de expedición con unos infectados de un virus de una letalidad muy elevada, y la discusión es si la transmisión se produce a través de roedores. El eco con el COVID es inevitable; yo estuve dos años escribiendo solo de eso. Venía conectándolo con los temas del número y con la conversación que queríamos tener: qué pasa con los expertos en el debate público, si han perdido influencia, si la gente se los cree o no.
Es un buen día para hablar de esto, porque al final vas corriendo a mirar lo que dice la OMS. Es evidente que no tienen todas las respuestas, pero es donde empiezas un día como hoy. La OMS tiene informes, conoce este virus, y reporta que la letalidad es del 30%. Hay instituciones que dicen que hubo 226 casos en América el año pasado, de los cuales fallecieron el 27%. Todo eso te va alimentando.
Luego está la incertidumbre con la transmisión. Ayer decían que la primera sospecha apuntaba a los roedores, y que había una cepa con transmisión documentada entre humanos. Ese “documentada” es muy importante: significa que alguien serio ha trazado los contagios y ha probado que la transmisión se puede dar entre humanos. Es solo una variante, que circula en Argentina, y el barco había pasado por Argentina. Eso fue ayer. Hoy ya se ha sabido que probablemente el paciente cero se infectó en tierra y subió infectado al barco, así que la sensación ahora mismo es que asumen que el contagio se ha producido en el barco.
Es un buen tema porque recoge exactamente el dilema del que queríamos hablar: cuánta certidumbre tienen los expertos de todo lo que sabían hasta ahora. La transmisión entre humanos no ha sido muy eficiente; requiere un contacto estrecho. El dilema que tienen es cuánto miedo deben transmitir hoy. Yo tenía el mismo dilema al escribir la pieza para mañana: podría poner que es un riesgo bajo, pero los virus mutan. Hay una probabilidad pequeña, pero no cero, de que esto sea una variante peor de lo conocido. Ellos dicen que es poco probable, y ese es exactamente el equilibrio.
Creo que la gente se pregunta, ¿debemos prestar atención?
DANIEL GASCÓN: Es como el “experto Santa Bárbara”, te acuerdas de él cuando truena. Cuando hay una información más especializada, como en la salud, ahí la autoridad es muy importante. Supongo que también hay temporalidades en todo esto: la autoridad del experto funciona de una forma al principio y se va resquebrajando a medida que avanzan los hechos.
KIKO LLANERAS: Yo veo dos claves en cuánto y quién confía en los expertos. La primera es que una parte de la desconfianza es impostada. La gente dice que los datos no son la verdad revelada, que se puede mentir con números, pero luego no va a un cirujano sin estudios. Una cosa es el escepticismo retórico, y otra muy distinta es cuando se trata de tu cirujano: a ese quieres que sea un tipo acreditado, con los papers. Hay un doble rasero enorme en función de si el tema te toca o no.
De hecho, los debates en los que la gente tiene posiciones más extremas suelen ser debates que no le afectan directamente. Es más fácil tener ideas exóticas sobre cosas que no son sobre ti. Cuando hablas de la educación de tus hijos, la gente se vuelve muy matizada porque todo el mundo tiene que elegir colegio: de golpe aparecen los pros y los contras, la pública y la privada, los matices. En cambio, sobre el salario mínimo de trabajadores a quienes uno no conoce, es un debate intelectual que no te cambia nada, y ahí puedes tener ideas muy alocadas.
El ejemplo clásico es el COVID: había desinformación y creencias exóticas, pero cuando salió la vacuna, todo el mundo se puso a hacer cola. En España había colas. Los debates se hacen con cosas inocuas; ahí nos peleamos, pero luego uno se vacuna como cualquiera.
La otra dimensión es cuánta atención estás poniendo en el tema. Cuando algo te toca de cerca, le pones más atención y tienes posiciones más sofisticadas. Pero estamos sobrepasados: nuestra atención está totalmente machacada y no tenemos energía ni tiempo para enterarnos de todo. En las cosas en las que no profundizas, las ideas exóticas campan más a sus anchas.
Mi optimismo es este: no creo que haya tanta gente tomando decisiones a partir de mala información. No veo gente viviendo vidas exóticas. Veo más ideas exóticas que luego no van a la práctica en ningún lado. La gente con ideas más raras y con ideas más convencionales vive muy parecido, va a los mismos médicos y lleva a los niños a los mismos colegios. La gente no hipoteca su vida en base a teorías raras. Conocéis a alguien que dice cosas extravagantes, pero vive como vosotros.
DANIEL GASCÓN: Es verdad que hay esa disonancia tan curiosa. Pensaba que hay áreas del conocimiento que parecen más claras y otras más difusas, donde entra más la ideología.
KIKO LLANERAS: La historia, por ejemplo, es un campo con ideas muy intensas. La historia es totalmente inocua en ese sentido: cómo fue la llegada de los españoles a América, puedes sostener visiones extremas sobre lo que ocurrió sin que eso cambie tu vida. La gente no lleva esas ideas a la práctica. La gente no es congruente con sus creencias. Lo ves en las quejas de izquierdas y de derechas: si quieres tanta igualdad, ¿por qué no donas todo lo que tienes? Si crees que el aborto es un asesinato, ¿por qué no estás todo el día en la calle protestando? Hay una inconsistencia entre la posición moral y la actividad. Y la........