La violencia, el dolor y el diálogo

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Hace cinco años, el poeta Javier Sicilia escribió que la muerte de un hijo es siempre antinatural y por ello carece de nombre: porque no se es huérfano ni viudo, “se es simple y dolorosamente nada”. Cinco días atrás, su hijo  Juan Francisco y tres amigos habían sido asesinados por uno de los grupos criminales que actúan en la zona de Morelos y Guerrero y que adoptó más tarde el nombre de Guerreros Unidos.

A esos criminales se dirigió para decirles a nombre de miles “estamos hasta la madre”, para estregarles que se habían vuelto a tal grado cobardes que incluso perdieron la dignidad para matar. “Su violencia –explicó– ya no puede ser nombrada porque ni siquiera, como el dolor y el sufrimiento que provocan, tiene un nombre y un sentido. […] su violencia se ha vuelto infrahumana, no animal, sino subhumana, demoniaca, imbécil”. 

El poeta ha rechazado que se hable de las víctimas de la violencia de los últimos años como si fueran criminales, porque aunque lo fueran, “son también víctimas que hay que reconocer para saber de dónde........

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