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Las audiencias bajo tutela

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30.07.2026

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Llevo años observando la cruzada de los bien intencionados contra la desinformación y me sorprende la cantidad de instituciones, recursos, ideas y solemnidad que se han invertido en impedir que el ciudadano tropiece con una mentira y la reproduzca. El empeño es admirable pero tiene una neurosis paternalista: la obsesión por acolchonar las esquinas de la realidad, separar cuidadosamente lo verdadero de lo falso y entregarnos un mundo previamente verificado para que podamos caminar por él sin hacernos daño. 

He estudiado esto sobre el terreno. Entre 2020 y 2025 tuve el honor de coordinar en Alemania encuentros internacionales dedicados precisamente a la libertad de prensa, la desinformación, la ética periodística y las distintas fórmulas de regulación y autorregulación. Discutí sus alcances con decenas de periodistas de Asia, América, Africa y Europa; editores, verificadores, académicos y responsables de organismos profesionales de distintos países. De esas conversaciones, visitas y experiencias, además de las lecturas, proviene mi desconfianza frente a cualquier remedio universal.

En España, por ejemplo, el fact-checking alcanzó dimensiones industriales. Maldita.eses una agencia con una capacidad operativa que ya quisieran muchas redacciones mexicanas y desmiente bulos a una velocidad impresionante: desde alimentos que supuestamente hacen brotar granos verdes hasta infiltraciones rusas en las escuelas. Admiro el método, la disciplina y la paciencia de sus periodistas, aunque su éxito técnico convive con una dificultad enorme: quien........

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