El caso Rocha y la madeja enmarañada

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Aunque la Casa Blanca lo ha circunscrito a su problema de consumo de drogas y muertes por sobredosis de fentanilo, para los mexicanos romper la vinculación entre política y crimen organizado es, debiera ser, de la misma importancia que garantizar un crecimiento económico elevado con mecanismos distributivos eficaces: es decir, una necesidad estratégica para darle viabilidad al país.

Sin la generación de riqueza suficiente que posibilite una sociedad más justa e incluyente el país se divide, polariza y empobrece; con el crimen organizado apropiándose y poniendo a su servicio al Estado, se crean gobernanzas criminales, es decir, un orden y una convivencia social, económica y política regidas por la ley de la selva: domina el más violento. ¿Economía incluyente, democracia y respeto de los derechos humanos en medio de la ley de la selva y la violencia? Imposible.

Desde esas premisas, la extradición de Rocha Moya y asociados adquiere su dimensión real. En el cada vez más remoto caso de que Sheinbaum la conceda, sería apenas el primer nudo que se desataría de una muy grande y enmarañada madeja. Para diseñar los siguientes pasos es necesario distinguir las múltiples modalidades de esa realidad que ha existido siempre: los vínculos entre política y organizaciones criminales.  

Cuenta Luis Astorga, historiador del narcotráfico, que los primeros cárteles de la droga eran dirigidos por generales que participaron en la revolución y se convirtieron en gobernadores de los estados del Pacífico y de la frontera con Estados Unidos. El narcotráfico nació y creció en México desde el Estado, no había separación entre política y crimen, eran una y la misma cosa. 

Pero evolucionó. Miguel Alemán Valdés (1946-1952, el primer presidente civil posterior a la revolución) separó al ejército de la política y es muy probable que, como parte de ese deslinde entre el poder civil y militar, los generales ya no aparecían como los líderes de las organizaciones del narcotráfico. De manera simple, puede decirse que ocurrió una “privatización” de la producción y exportación de drogas.

Alemán Valdés construyó otro modelo de convivencia entre los narcos y la política. Todos los grupos dedicados a esa actividad debían pertenecer a una sola organización del narcotráfico –una especie de corporación monopólica, al mismo estilo de las corporaciones obreras, CTM, y campesina CNC– que era regulada y controlada fundamentalmente por la Dirección Federal de Seguridad (la policía política del régimen). El narcotráfico era un negocio en crecimiento acelerado, pero relativamente pequeño y controlable por el Estado, que le impuso las reglas de un acuerdo tácito: permiso para traficar a E.U., pero no para vender en México; violencia mínima, a cambio, sobornos para todos los cuerpos de seguridad y justicia, locales y federales. Una de las consecuencias más funestas para el país de ese pacto que hizo posible la pax narca ha sido,........

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