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El clóset y la cancha

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19.06.2026

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Ser parte de la afición del “deporte rey” incluye cerrar los ojos, así sea momentáneamente, ante los poderes reales que lo alimentan en todo el mundo. Me emociona el virtuosismo futbolístico, la catarsis que significa la peculiar gestualidad que desplegamos cuando nos convertimos en parte de una multitud rugiente o cuando, simplemente, compartimos con otras personas un juego en casa, en un bar o frente a la pantalla gigante que adorna el Zócalo capitalino durante el Mundial 2026. Mi disfrute no incluye el fervor de tantos escritores (varones, por lo general), que roza la fe religiosa, ni va más allá del mundial y el poco disciplinado seguimiento de las selecciones masculina y femenina venezolanas, pero ha formado parte de mi vida. La vinotinto no ha logrado ir a un mundial varonil (muy injustamente, si tomamos en cuenta la actuación de representaciones nacionales como la de Sudáfrica en esta edición), y alimenta en nosotros, sus seguidores, una esperanza que no cesa, asunto que define a la verdadera afición. La otra vinotinto ha llegado más lejos y acaba de asegurar su participación en un repechaje intercontinental, en ruta al Mundial femenino del 2027.

Recuerdo perfectamente el surgimiento y trayectoria de mi connacional Deyna Castellanos (1999). La delantera ha jugado con el Atlético de Madrid con el que obtuvo la Supercopa de España (2021); después de su paso por la liga inglesa con el Manchester City, se desempeña actualmente en el Portland Thorns en Estados Unidos. Ganó la Bota de Oro (Mundial Sub‑17, 2014) y obtuvo el tercer lugar en The best FIFA (2017). Una jugadora de su nivel debería estar fuera de discusión más allá de su devenir deportivo, pero no es así. Castellanos reconoció su condición de bisexual con el consiguiente escándalo en las redes sociales a favor y en contra, en el que no faltaron las consabidas acusaciones hacia los equipos de fútbol femenino como semilleros de lesbianas, en consonancia con la idea decimonónica de la “invertida”, una mujer que en realidad quería ser un hombre y actuaba como tal. No en balde el deporte es terreno de la fuerza, la agilidad y la disciplina; es decir, terreno de la masculinidad. Podría resultar curioso que en pleno........

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