Yo opino

Mis cambios de opinión

Traducción por Jaime Zulaika

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Dicen que es de sabios cambiar de opinión, pero importa la velocidad y la frecuencia. Si ayer sostuve algo y hoy afirmo lo contrario y mañana me vuelvo a contradecir, soy más voluble que sabio. Si el mundo cambia y yo contra viento y marea me sostengo en mis dichos, bien puede ser que sea un necio. John Maynard Keynes, que sí era sabio, afirmó: “cambio de opinión cuando cambian los hechos”. Para no cambiar de opinión, Ulises se hizo amarrar al mástil de su barco. “Cuando estoy acostado –escribió Lichtenberg– tengo una opinión y otra diferente cuando estoy de pie”.

Cambiamos de opinión sobre muchas cosas, sobre nuestros gustos desde luego, de partido político y de equipo de futbol, cambiamos de opinión hasta en las cosas más importantes de la vida: “la persona a la que amamos, el dios que veneramos, la significación o insignificancia del lugar que ocupamos en un universo aparentemente vacío o misteriosamente lleno”, escribe Julian Barnes en Mis cambios de opinión. El mismo Julian Barnes que este año ha anunciado su retiro de las letras, bueno, si no cambia luego de opinión, como tanto boxeador o torero.

Julian Barnes, el autor de El loro de Flaubert, El sentido de un final, El ruido del tiempo y tantas otras espléndidas novelas, entrega, en un puñado de páginas, sus reflexiones sobre la memoria, las palabras, el poder, la literatura y el tiempo, es decir: un condensado de sus libros en un brevísimo volumen que, no obstante, encierra una visión de la vida compleja, irónica y fascinante.

Nos gusta vernos como seres coherentes que no andamos por la vida zarandeados por el viento y las mareas de las modas, pero en realidad continuamente cambiamos de opinión. “Nunca pensamos –dice Barnes–: vaya, he cambiado de opinión y he adoptado un punto de vista........

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