Putin, el puro ejercicio de la fuerza |
México, 2024, 336 pp.
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Están los mapas, por ejemplo. Nos acostumbramos a ver Europa arriba y África abajo. Nos hemos hecho una idea del estado de las cosas a partir de nuestro eurocentrismo. Hablamos de la decadencia de la democracia y del fin de la globalización, pero desde China y la India el mundo se ve de manera distinta. China se prepara para liderar el libre comercio y la India, con una democracia pujante, está por ocupar un lugar en la escena mundial. Cuando pensamos “el mundo” pensamos en Occidente y poco más allá.
En los últimos años hemos visto a Rusia como un país abusivo e invasor de Ucrania, una valerosa nación independiente. Y sí lo es, pero también es algo distinto. Vemos las razones que exponen los rusos (la propaganda absurda de su lucha contra los neonazis y su acceso al Mar Negro), pero prestamos poca atención al carácter religioso de la invasión (Ucrania como origen del cristianismo ortodoxo) y a la lógica de su política interna (la recuperación del imperio perdido). Estas razones no justifican, pero explican, la invasión a Ucrania.
De la lógica interna del poder en Rusia trata la novela El mago del Kremlin, de Giuliano da Empoli, que ahora se exhibe en cine, bajo la dirección de Olivier Assayas, en una magnífica adaptación de Emmanuel Carrère.
Desde nuestra orilla, desde Occidente, lo que vimos, lo que alcanzamos a ver, creyendo que lo entendíamos, fue el estrepitoso derrumbe de la Unión Soviética. Varios a posteriori afirman haberlo previsto pero lo cierto es que a todos (hasta a Hélene Carrère d’Encausse, la máxima especialista) nos tomó por sorpresa. Cientos de alemanes martillando el Muro de Berlín, miles de alemanes cruzando la frontera, entrando fascinados a las tiendas. Vimos los esfuerzos desesperados de Gorbachov para que el país no se le deshiciera entre las manos, como finalmente ocurrió. Vimos a un valeroso Yeltsin sobre un tanque dirigiendo la defensa de la incipiente democracia frente a los militares de la vieja guardia. Vimos el vertiginoso desmembramiento de la antaño soberbia URSS. Primero, los países bálticos (Lituania, Letonia y Estonia), luego las naciones asiáticas (Armenia, Azerbaiyán, Kazajistán, Uzbekistán, Turkmenistán, Kirguistán, Tayikistán) y por último Georgia, Ucrania y Bielorrusia. Por algunos meses pensamos que todos esos nuevos países podrían formar una federación de estados parecida a los Estados Unidos o la Unión Europea. Nos ilusionamos creyendo que la Federación Rusa abrazaría la democracia y el capitalismo, que la Historia había llegado a su fin. Claro, porque la naturaleza humana pedía –exigía– capitalismo y........