Los amantes apátridas de Paweł Pawlikowski |
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Cuando en 2015 la cinta polaca Ida obtuvo el Óscar a mejor película extranjera, el nombre de su director, Paweł Pawlikowski, resonó como nunca hasta entonces, aunque Ida –la historia de una monja que, en los años sesenta, descubre su origen judío– había obtenido antes una veintena de reconocimientos. Sin embargo, ya se sabe, nada hace visible la carrera de un director como el espaldarazo de Hollywood. Y esto –se sabe también– a veces provoca giros extraños.
El éxito de Ida subrayó la identidad híbrida del director –rasgo que comparte con casi todos sus personajes–. Nacido en Varsovia y emigrado a Londres a los catorce años, Pawlikowski comenzó su carrera a principios de los noventa. Tanto los documentales de su primera década como los largometrajes de ficción que dirigió desde el año 2000 han recibido premios y elogios, y la cadena bbc lo considera “uno de los principales directores del Reino Unido”. Visto de una manera, Pawlikowski es un cineasta inglés. Ida, sin embargo, supuso su regreso a casa. Algunos afirmaron que, con esta película, Pawlikowski retomaba la estafeta de la tradición de cine encabezada por Andrzej Wajda. Por su lado, el gobierno actual de Polonia descalificó la cinta por representar la historia del país bajo una luz negativa, al invocar el exterminio judío y las purgas estalinistas ocurridas ahí. Ni heredero de Wajda ni detractor político, dijo el director en una entrevista, agregando que el “efecto Óscar” había sacado todo de proporción.
La anécdota sirve para mostrar lo reduccionista de las etiquetas y el despropósito de asignar a alguien una identidad fija (o de aferrarse a ella), y es justo este el leitmotiv del cine de Pawlikowski. En el primer acto de sus películas, los personajes descubren que aquello que alguna vez les dio sentido de pertenencia –religión, nacionalidad, ideología– ya no los define más. Unos se........