We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close
Aa Aa Aa
- A +

Entre las bestias y los dioses

1 0 0
14.10.2021

Nombre de usuario o dirección de correo

Contraseña

Recuérdame

A decir de Aristóteles, fuera de la sociedad el hombre es una bestia o un Dios. La conversión en deidad supone un acto sobrenatural, un milagro. No hay argumentos a favor de los milagros. Nos queda entonces la expresión bestia, que resuena como un lance demasiado burdo para la fineza del filósofo.
¿A qué se refiere Aristóteles? Él sabía que el ser humano no puede vivir fuera de un conglomerado. La imagen del solitario es, en realidad, una fantasía muy popular, pero fantasía al fin y al cabo. Si bien es cierto que Daniel Defoe tomó el caso real de un náufrago para escribir su célebre Robinson Crusoe, también lo es que se trata de una referencia más bien mítica. Además, ese náufrago regresó a vivir a Londres. El ser humano sólo sobrevive rodeado de semejantes. Entonces, de nuevo: ¿a qué se refiere Aristóteles cuando, sin miramientos, arroja la expresión bestia para calificar a aquel que vive fuera de la sociedad? Más de veinte siglos se interponen. La afirmación sigue vigente y no deja escapatoria.
El engarce fino se encuentra en la expresión sociedad. La sociedad no es la simple reunión de un número indeterminado de seres humanos o familias. Para Aristóteles la sociedad es una construcción humana a la cual accedemos como la mejor forma de sobrevivencia. Esa construcción cultural se ha llevado muchos siglos de marcha discontinua. Tendríamos que cruzar el oscuro Medievo para renacer en la búsqueda de la modernidad y encontrar de nuevo el camino. Sólo entonces se recordará a Aristóteles y surgirá la idea de un contrato. Hobbes, Locke y finalmente Rousseau darán el impulso definitivo. La sociedad, el Estado mismo nacen de esa asociación, voluntaria y no tanto, racional y no tanto, que nos permite encauzar las necesidades y las emociones humanas.
Ahora el panorama se aclara: ni dioses, ni bestias. Aquel que vive en sociedad, el que ha accedido y está convencido de las bondades de ese acuerdo civilizatorio que da vida a la ciudad, a la civitas, ese ser humano puede ser llamado simple y llanamente ciudadano. El ciudadano ejerce sus derechos y cumple con sus obligaciones. Él es para sí mismo y para la sociedad. Es ella y sólo ella la que le garantiza seguridad y poder ejercer sus derechos a plenitud. Son el uno para el otro y por el otro. Existe entonces una finalidad moral, ética que nos distingue de la naturaleza, de la bestia. Esa es la diferencia central. Así entendidos el Estado y la sociedad como su cimiento, no son un hecho fortuito o graciosas concesiones. Por el contrario, son el fruto de actos deliberados, de una construcción sistemática de valores comunes, que abrazan a un grupo humano. La sociedad, el Estado son, antes que nada, un hecho cultural.
Pero, ¿cómo se construye una sociedad, cuáles deben ser los materiales, cómo concebir los cimientos? Pareciera una labor de titanes o un sueño quizás. Vayamos con calma. En la superficie las diferencias entre las sociedades son muchas y, por lo visto, más veremos en el futuro. El Estado-nación se multiplica a una velocidad preocupante. La identificación racial, lingüística, la historia compartida, también los mitos y, por supuesto, las religiones dan mucha tela de dónde cortar para establecer las fronteras de la diferencia. La globalización pareciera haber acentuado la necesidad de diferencia. Los germanos persiguen la germanidad y los latinos la latinidad, las cuales, sin aceptar definiciones exactas, no permiten confusión. Distinguir a un teutón de un romano no reclama un profundo estudio antropológico. Como tampoco nos confundimos entre la salchicha vienesa y el espagueti. Los acuerdos nacionales y sus orígenes míticos pueden ser tan variados como nuestra imaginación lo permita. Por ejemplo, un águila, parada en un nopal y comiéndose una serpiente, ¿por qué no? Pero en todos los casos hay algo in-sustituible, esencial, si se me permite la palabra. Se trata de la argamasa que une las piezas, los materiales de........

© Letras Libres


Get it on Google Play