Robert Duvall y la verdad de la mentira

Nombre de usuario o dirección de correo

¿En quién se inspiró Robert Duvall para su impávido Kilgore, el descamisado coronel que, en cuclillas, mientras todo explota a su alrededor, suelta con una suerte de serena alegría aquella célebre línea de “Me encanta el olor del napalm por la mañana”? ¿Estaba homenajeando torcidamente a su padre militar, un contraalmirante de la fuerza naval estadounidense, o se trata de una reconstrucción personal del año que pasó en el ejército, a inicios de los años 50? Difícilmente: Duvall nunca estuvo en combate en ninguna parte, apenas si sabía manejar armas y, por lo tanto, es muy probable que la citada escena de Apocalipsis ahora (Coppola, 1979) haya surgido, más bien, de su admirable y admirada perspicacia como actor, que no pudo ser opacada ni siquiera por el desafuero colectivo que fue el caótico rodaje de aquella obra maestra de Francis Ford Coppola.

Según sus propias palabras, Duvall no sabía ni quería hacer otra cosa que actuar. Acaso heredó esa pasión de su madre, una aspirante a actriz que no pudo desarrollarse profesionalmente. En todo caso, después de cumplir su año de servicio en el ejército, el joven Duvall cruzó el país, rumbo a Nueva York, a estudiar arte dramático en la Escuela de Teatro Neighborhood Playhouse, dirigida por Sandford Meisner, en donde conoció a algunos colegas con los que compartiría no solo clases, sino trabajos, habitaciones y hasta reputación, como James Caan y Gene Hackman. La técnica que aprendió Duvall en esa célebre escuela de teatro nos da la clave para entender la manera en........

© Letras Libres