Las otras Odiseas
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Una curiosidad inevitable: la primera adaptación fílmica de la Odisea, el poema épico fundador de la literatura occidental, fue realizada por Georges Méliès, no solo el primer director de cine propiamente dicho, sino un auténtico taumaturgo cinematográfico: el primero que entendió al naciente séptimo arte como una máquina de engaños, trucos y prodigios. En L’île de Calypso: Ulysse et le giant Polyphème (1905), realizada apenas diez años después de la invención del cine, Méliès fusiona dos episodios de la épica en un imaginativo cuadro fílmico de un solo plano, en el que Odiseo –el propio Méliès– rechaza a la ninfa Calipso mientras se enfrenta a Polifemo, el monstruoso cíclope, hijo de Poseidón.
Desde esa primera aproximación cinematográfica, ha habido poco más de una treintena de adaptaciones directas de todo tipo y naturaleza, más otros muchos acercamientos al emblemático viaje del héroe ideado por Homero y decodificado milenios después por Joseph Campbell. Odiseo ha regresado a Ítaca en decenas de ocasiones, siguiendo más o menos la misma historia, sea con el rostro de Kirk Douglas, Armand Assante, Ralph Fiennes o, este fin de semana, Matt Damon.
Sin embargo, a veces sin necesidad de que el protagonista se llame Odiseo –o, en su defecto, lleve el nombre latino Ulises– la historia del regreso a casa del héroe ha sido relatada en el cine y la televisión en infinidad de formas alusivas e indirectas, sea como un primitivo filme infantil con marionetas (la cinta mexicana La odisea de los muñecos [1975], de Carlos González Groppa, con las voces de María Antonieta de las Nieves como Penélope y Bruno Rey como Ulises), sea como ensoñadas aventuras caninas (el par de episodios en el que un inquieto perrito Jack Russell se imagina enfrentando los mismos retos que Odiseo en la serie televisiva Wishbone [1995]), o como sicalípticas peripecias masculinas (en Las aventuras sexuales de Ulises [1998], una adaptación italiana en la que nuestro héroe, luego de ser obligado a “cumplirle” por mucho tiempo a la insaciable Calipso, huye de esa isla orgiástica, realiza otras hazañas sexosas y llega finalmente a Ítaca, en donde Penélope, insatisfecha por los menguantes “talentos” de todos sus pretendientes, sigue esperando pacientemente a su marido.........
